Cómo solucionar los conflictos con tus hijos adolescentes

Hoy quería compartir con vosotros algunos ejemplos prácticos sobre los problemas diarios que viven los padres en la convivencia con hijos adolescentes. Y me diréis: «A mí me queda mucho para tener hijos adolescentes». ¿Estás seguro/a de que falta mucho para la adolescencia de tus hijos?

Quizá tus hijos no estén tan lejos de ese periodo. Según la OMS, la adolescencia es esa etapa comprendida entre los 10 y los 19 años.

Además de ejemplos de problemas diarios, también os quiero ofrecer soluciones prácticas a esas rencillas diarias. Es decir, las claves para reconducir esas situaciones que pueden sacarnos de quicio o crearnos una preocupación.

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¿Cómo afrontar la convivencia con mis hijos adolescentes?

El primer paso para solucionar cualquier problema con un adolescente es tener tiempo para sentarnos con él y pensar en equipo y de forma creativa las soluciones a los conflictos que se están planteando. Hay que tener en cuenta que si alguno tiene prisa o está nervioso, esta solución no va a funcionar. Necesitamos cooperación por ambas partes para que se puede solucionar.

Veamos un ejemplo planteado en una situación cotidiana:

Luis tiene 14 años y ha descubierto la música de batería. La escucha constantemente a un volumen ensordecedor. Su padre le ha pedido muchas veces que baje el volumen, pero no hay manera.

Ha probado todas las estrategias posibles. Le ha dado información, se lo ha tomado con humor haciéndole bromas, e incluco le ha ofrecido alternativas. Pero no le gusta ninguna y nada le viene bien.

Una noche, enfadado, el padre entra en la habitación  de Luis y, a gritos, le prohíbe volver a tocar la batería.

Al día siguiente, durante el desayuno, el padre le vuelve a sacar el tema, pero su hijo no quiere hablar. El progenitor le explica que se sentía fatal, que admite que se ha pasado. Por su parte, su hijo le insiste en que pone la música tan fuerte porque la única manera de disfrutarla es con volumen alto para saborear el ritmo. Luis zanja la conversación diciendo que si le molesta porque está demasiado alta, debería ponerse tapones.

A lo que el padre admite que es una posibilidad pero que pueden buscar más alternativas para solucionar ese problema.

Así que apartan la taza del desayuno y, con papel y lápiz, empiezan a apuntar cosas:

  • Llevar tapones.
  • Aislar la habitación.
  • Bajar un poco el volumen.
  • Cerrar las puertas del dormitorio, la cocina, el despacho, etc.
  • Poner moqueta en su cuarto.

Al cabo de un rato, descartan muchas soluciones de las que habían escrito y se quedan con tres: poner moqueta en el cuarto, cerrar las puertas y bajar el volumen.

Después de esta conversación en la que el padre escucha cómo se sentía Luis, se da cuenta de que lo que realmente quería su hijo era que escuchar esa música con él. Así que se sienta un rato en su habitación y se da cuenta de por qué le gustaba. Los adolescentes se sienten atraídos por este tipo de sonidos fuertes y entiende que disfrutaba mucho con ella. Después de pasar un poco de tiempo en su mundo, Luis también cambió su actitud con su padre.

Las pautas que utilizamos para resolver el conflicto de este ejemplo las podemos aplicar a cualquier otro problema de la convivencia: el desorden de la habitación, el caos, llegar tarde por las noches…

Vamos con el segundo ejemplo:

Martín es un niño de 12 años que tiene siempre la habitación desordenada y un día su madre le dice: «Tenemos que hablar de este desorden. ¿No te molesta el aspecto que tiene tu habitación y como huele?»

Martín le contesta que no le importa, que la habitación es su espacio, que no tiene sitio para guardar las cosas y que él sabe dónde están todo.

Entonces su madre le expone su punto de vista y le dice: «Bueno, tú necesitas más espacio y a mí me gustaría que esto estuviera más ordenado. No me gusta ver esto así y, además, huele mal, de verdad. Vamos a intentar buscar una solución juntos».

«¿Cuál?», le dice Martín.

«Pues tendremos que pensarlo juntos, nunca se sabe qué se nos puede ocurrir», le responde su madre.

Los dos se sientan y escriben en un folio varias posibilidades, algunas de las cuales luego descartarán.

  • Coger parte del armario a su madre.
  • Buscar librerías o estanterías de segunda mano para poner en su pared.
  • Poner más perchas y más estanterías en el armario.
  • Tener una nevera en el dormitorio.

Después, empiezan a profundizar sobre esas posibles soluciones y su madre le dice: «Yo no puedo dejarte que utilices mi armario porque ya lo tengo lleno, pero si puedo ponerte estanterías en tu armario. También podemos comprar estanterías de segunda mano para ponerlas en la pared».

«¿De verdad mamá? Eso sería estupendo», le dice su hijo sorprendido.

¿Cómo encontrar soluciones para los conflictos con mis hijos adolescentes?

Sigamos con las bases para buscar junto a nuestros hijos soluciones a los conflictos que han estado presentes en los ejemplos anteriores:

1.- Dedicarle el tiempo necesario. Es importante sentarse a su lado y probar a buscar juntos estrategias para resolver el problema.

«Si vuelves a llegar tarde por la noche, vete olvidando de volver a salir en una larga temporada».

2.- Dejar que nuestro hijo exprese sus puntos de vista y cómo se siente.

«Soy el único que tiene que estar aquí tan temprano. Todos mis amigos se quedan hasta mucho más tarde y no me siento bien, siempre soy el primero que se va».

3.- Explicar a nuestros hijos nuestro propio punto de vista.

«Pero yo te he pedido que vengas a una hora determinada y si no estás aquí a esa hora, me preocuparé mucho y pensaré que te ha pasado cualquier cosa».

4.- Sentarnos con nuestro hijo a buscar soluciones juntos.

«Vamos a ver si se nos ocurren soluciones para que tú puedas pasar un poco más tiempo con tus amigos y yo esté tranquilo/a».

5.- Anotar todas las ideas sin juzgarlas.

«Déjame que me quede hasta la hora que quiera».
«No te dejaré salir durante una buena temporada».
«Cambia el horario de llegar a casa».

6.- Revisar la lista y decidir qué ideas son posibles.

Tanto al hijo como al padre/madre les parecerá bien modificar la hora de llegada y que llegue media hora más tarde, que es la hora a la que suelen volver sus amigos. La condición por parte de los padres es que no se vuelve a retrasar. A los dos les parecerá bien.

Sin duda, la adolescencia es una etapa de cambios donde nuestros hijos pasan de ser niños a convertirse en adultos. Está llena de confusión, desafíos y retos. Sin embargo, debemos resetear e intentar flexibilizar nuestros límites, aumentar nuestra dosis de comunicación y hacerles responsables de sus actos.

¿Tienes dudas o situaciones concretas en las que no sabes cómo reaccionar con tu hijo/a adolescente? Escríbeme un mail o déjamelo en comentarios.

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