Los niños necesitan aprender a expresar sus emociones. Cuando aún no saben hacerlo —o no encuentran la forma adecuada— es cuando suelen aparecer los conflictos.
Por eso, cada vez que haya una rabieta, un enfado o una conducta desafiante, es importante llegar al fondo de la situación emocional. Ayudarles a poner palabras a lo que les preocupa o les genera malestar no solo mejora su comportamiento, sino también su aprendizaje emocional y su bienestar.
A veces, modificar una conducta es tan simple como enseñarles a expresar lo que sienten.
Ejemplo 1: Cuando las palabras cambian la emoción
Alfonso se despertaba cada mañana llorando y corría a la habitación de sus padres. No se calmaba hasta recibir un abrazo.
Una mañana, su padre le dijo:
— Alfonso, ¿por qué no pruebas a venir sin llorar? Puedes decirnos: “Buenos días, me gustaría un abrazo, por favor.”
Al día siguiente, Alfonso lo intentó, pero volvió a llorar al despertarse.
Entonces su padre cambió la forma de abordar la situación:
— Alfonso, ¿te sientes solo cuando te despiertas?
— Sí —respondió el niño.
El padre añadió:
— Mañana puedes venir y decir: “Me siento solo y me gustaría un abrazo, por favor.”
A la mañana siguiente, Alfonso entró sin llorar, dijo su frase y recibió su abrazo.
Poco después, su padre le dijo:
— Ya no parece que te sientas solo. Ahora puedes sentirte contento al despertarte, y también te abrazaremos.
Mañana puedes venir y decir: “Me he despertado contento y quiero un abrazo.”
Desde entonces, Alfonso comenzó a levantarse feliz y de buen humor.
Este ejemplo muestra cómo poner palabras a una emoción cambia el estado interno del niño.
Cuando logran identificar lo que sienten, pueden gestionarlo de forma más sana y sentirse comprendidos.
Por qué cuesta tanto verbalizar lo que sienten
A veces a los padres nos resulta difícil averiguar qué sienten nuestros hijos.
Puede darnos la impresión de que hablar de su malestar solo lo empeorará, pero ocurre justo lo contrario: verbalizar libera la emoción.
Aprender a expresar lo que uno siente requiere tiempo y acompañamiento.
Un niño angustiado o preocupado no sabrá hacerlo solo, y ahí es donde nuestra empatía y paciencia pueden marcar la diferencia.
Como adultos, podemos facilitar o dificultar ese proceso, según la forma en que lo acompañemos.
Ejemplo 2: Cuando no se expresan, se frustran
Natalia iba cada semana a clases de natación con su madre.
Un día, fue su padre quien la llevó.
Todo parecía ir bien hasta que, al terminar la clase y acercarse a las escaleras, Natalia se sentó en el suelo y dijo “NO”.
Cuando iba con su madre, siempre subían en ascensor.
Su padre, con prisa, interpretó esa reacción como un mal comportamiento, la cogió en brazos y se marcharon.
Natalia lloró todo el camino. Ambos llegaron a casa enfadados.
Al contarle lo ocurrido a la madre, esta miró a su hija —que aún tenía los ojos llenos de lágrimas— y le dijo:
— Tú querías subir en el ascensor para pulsar el botón, ¿verdad?
— Sí —asintió Natalia.
— Papá no lo sabía, por eso subisteis por las escaleras.
El conflicto no era una “rabieta sin sentido”.
Era una emoción no expresada: Natalia se sintió frustrada porque algo cambió en su rutina y nadie le explicó el motivo.
Cómo evitar estos conflictos emocionales
Si vamos a modificar una rutina, es importante avisar y explicar los cambios con antelación.
Los niños necesitan previsibilidad para sentirse seguros.
Cuando se sienten confundidos o no comprendidos, su emoción se transforma fácilmente en llanto, enfado o resistencia.
Los niños nacen con emociones, pero deben aprender a manejarlas.
Nuestro papel como padres no es evitar que sientan, sino ayudarles a reconocer, expresar y regular lo que sienten.
Poner palabras a las emociones cambia la conducta
Detrás de muchas conductas difíciles hay una emoción no expresada.
Cuando ayudamos a nuestros hijos a nombrar lo que sienten, les damos herramientas para calmarse, entenderse y resolver conflictos con empatía.
Educar en emociones es educar en autoconocimiento, comunicación y respeto.
Si tu hijo tiene dificultades para expresar lo que siente, problemas emocionales o de motivación escolar, puedo ayudarte a trabajar con él desde la psicología infantil y la educación emocional.
Puedes contactarme a través de mi web o redes sociales.
Y si te ha gustado esta reflexión, te animo a seguir mi blog para más contenidos sobre crianza positiva y bienestar emocional.
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