Errores más frecuentes en la educación de los hijos: ¿cuáles son y como evitarlos?

En consulta veo continuamente los esfuerzos que hacen cada día los padres por manejar las conductas de sus hijos. Y a pesar de la constancia y el esfuerzo los resultados con los hijos no son del todo satisfactorios.

Sin embargo, analizando con detenimiento estos esfuerzos, en ocasiones, excesivos, se repiten una serie de acciones que echan por tierra todo el trabajo realizado por parte de los progenitores. Son errores o trampas frecuentes que cometemos con la educación de nuestros hijos.

Lo que no podemos olvidar es que los padres debemos crear un REFUERZO POSITIVO ALTO en la educación de nuestros hijos porque eso incrementará la posibilidad de que repitan comportamientos que sean adecuados. Pero también evitar este tipo de errores que hacen que todo lo que hemos sembrado nos dé sus frutos. A continuación te voy a detallar algunos de los errores más frecuentes que cometemos los padres en la educación de nuestros hijos.

¿Qué errores debemos evitar en la educación con nuestro hijos?

Criticar

¿Pensamos que criticar a nuestros hijos por no hacer bien algo les va a motivar? La crítica hace sentirse al niño incompetente y le hace evitar o escapar al intento de mejorarlo. A veces los padres hablamos de crítica constructiva pero eso no tiene valor, es solo un disfraz.

En vez de criticar, los padres podemos expresar nuestro interés de que el niño se sienta bien diciéndole  lo que esperamos de él, explicándole los riesgos de sus decisiones y sus conductas. De esta forma, les ayudamos a controlar dichas conductas.

Por ejemplo:

Madre: «Quiero que sepas que estoy preocupada y que me encantaría que te fuera mejor en el colegio. Por eso me gustaría que hicieras un esfuerzo».

Hijo: «Lo estoy haciendo lo mejor que sé. ¿Qué más quieres?»

Madre: «Espero que te enfoques, que te concentres, que hagas tus deberes. ¿Me entiendes cuando te digo que te enfoques y te concentres?»

Hijo: «Ya sé lo que quieres, quieres que haga los deberes pero odio ir a clase, odio a mi profesor y odio los deberes».

Madre: «Lo primero es hacer los deberes y entregarlos es un buen paso. ¿Qué más crees que puedes hacer?»

Hijo: «Pues, no lo sé».

Madre: «Cuando lleguen los exámenes ¿Qué crees que puedes hacer para que te salgan mejor?»

Niño: «Estudiar, yo sé que tengo que estudiar».

Madre: «Estudiar es la clave, hijo. Y cuando hagas la tarea y la entregues a tiempo y estudies para tus exámenes, el colegio y tus profesores te parecerán diferentes y tendrás más privilegios».

En ese momento, la madre puede explicarle los privilegios que puede conseguir cuando él haga lo que esperamos de él. Privilegios como salir más con sus amigos, jugar más tiempo, ver la tele, andar más en bici… De esta forma el niño es el responsable de decidir.

Con este ejemplo podemos ver como la madre ha creado un ambiente en el que le da a su hijo razones para que haga un esfuerzo.

Cuando criticamos a nuestro hijo/a por no hacer las cosas como debería, no esperemos que el niño, de repente, nos diga: «¡Vale eso es lo que necesitaba para motivarme!». Y empiece a hacerlo mejor. Lo más normal es que nos digan: «¡No tienes ni idea! ¡Esto es insoportable! ¡No voy a hacer mis deberes!».

Es importante que busquemos momentos de calma para hablar con ellos con lógica y explicarles la situación. Debemos preguntar si creen que necesitan ayuda para entender el por qué o si hay algo que esté bloqueándole, distrayéndole… Y es que cuando nuestros hijos están calmados podemos hacer un buen trabajo con ellos.

En los momentos de calma podemos trabajar mejor con nuestros hijos.

Discutir

Discutir es una forma ineficaz de manejar una conducta inadecuada de nuestros hijos. Una discusión nunca es fructífera.

Por ejemplo:

Hija: «No tengo amigas en clase, tal vez es porque no soy guapa o no visto bien…»

Madre: «No, hija. Tú no eres fea, eres guapa y tienes algo que solo es tuyo: tu simpatía, tu mirada, tu calidez… Deberías estar orgullosa de ti».

Hija: «¡No soy guapa y no tengo ninguna razón para estar orgullosa de mí misma». Si fuera como tú dices tendría amigas, pero no las tengo».

Madre: «Pero hija… Yo veo que vienen tus amigas a casa y que te llaman por teléfono. Tal vez, tienes más amigas de las que crees».

Hija: «Bueno, las que tú crees que son mis amigas, no lo son de verdad y las que me gustaría que fueran mis amigas, no lo son. Si supieras realmente lo mal que me siento…».

En esta situación, la madre defiende a su hija, pero su hija la rechaza. Por otro lado, la hija defiende sus propias imperfecciones que la madre rechaza. El resultado final no es positivo. 

Interrogar

¿Por qué lo has hecho ?
¿Qué es lo que estás haciendo?
¿Cuántas veces te tengo que decir eso?

No debemos preguntar a nuestros hijos acerca de sus malas conductas por dos razones:

  1. Preguntar a un hijo por su comportamiento inadecuado fomenta que nos mientan o que nos contesten de forma evasiva o a la defensiva. La mentira suele ser su vía de escape y su forma rápida de salir del problema. Algunos ejemplos de respuestas evasivas son: «¡No es mi culpa!», «ella empezó» o «¿por qué siempre me echas la culpa a mí?».
  2. Los padres, cuando hacemos esas preguntas, realmente no deseamos una respuesta, lo que queremos es que el niño reconozca que su conducta no ha sido adecuada. Al ver que su respuesta no es la verdad, nos enfadamos aún más.

Fuerza verbal o física

Intentar modificar un comportamiento o una conducta a través de la fuerza física o verbal hace que surjan resultados impredecibles y que dañemos a nuestros hijos.

El uso de la fuerza en los niños provoca emociones que antes o después saldrán a la luz, que son muy difíciles de gestionar para ellos y los efectos serán desastrosos a largo plazo.

«Cuanto más gritemos a nuestros hijos, peor será su comportamiento»

La desesperación o la súplica

A veces los padres decimos: «¡Ya no sé que hacer contigo!», «Lo he intentado todo contigo…»

Esto no nos lleva a ningún sitio en la educación de nuestros hijos. Tendríamos que transformar nuestro discurso y tener palabras basadas en la empatía y con el objetivo de orientarles y ayudarles de la mejor forma posible.

Y es que debemos tener muy claro que cuando los padres mostramos nuestra desesperación es cuando empiezan los verdaderos problemas y cuando empezamos a perder los nervios.

¿Has cometido alguno de estos errores con tus hijos en el pasado? ¿Los resultados que obtuviste se parecen a los que describo en el artículo? Si tienes dudas sobre cómo tratar a tus hijos durante su educación o no sabes cómo enfrentarte a algunaas siatuaciones, puedes dejármelo en comentarios o ponerte en contacto conmigo y hablamos.

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