La culpa de los padres: un motor para el cambio

Cada día en la consulta, aprecio que la culpa de los padres, o un fuerte sentimiento de culpabilidad, supone un porcentaje muy alto de la preocupación de los progenitores en lo que respecta a la educación de sus hijos.

La culpa nos acompañará siempre. En el día a día, nos repetimos algunas de estas preguntas: ¿por qué no lo hicimos bien? ¿Por qué no tenemos paciencia o tiempo suficiente para estar con ellos? ¿Por qué nos sentimos desbordados? ¿Por qué les decimos muchas veces que no? ¿Por qué a veces sentimos la necesidad de querer desconectar de ellos y dedicarnos un rato a nosotros mismos? ¿Por qué les gritamos?

Y aunque siempre estará presente, su presencia puede jugarnos malas pasadas a la hora de educar a nuestros hijos. Puede generar situaciones en la que tratemos de compensar nuestra culpabilidad dándoles demasiados caprichos o sobreprotegiéndoles. En muchas ocasiones, buscamos compensar que no hemos estado presentes en sus vidas durante todo el día.

Nuestro péndulo se mueve desde la culpa de los padres hasta la mala educación de los hijos. Perdemos el norte: la culpa puede guiar nuestro comportamiento con ellos. De esta manera, los objetivos que tenemos planteados para su educación quedarían en un segundo plano.

La culpa no te exime de tu responsabilidad en la educación de tus hijos. Educar debe ser un proceso consciente y debe tener un objetivo.

Tipos de culpa más frecuentes

  1. Cuando los padres detectan conductas problemáticas o desadaptativas en sus hijos, se activan en ellos mecanismos de defensa que pasan por una serie de fases:
    • Negación: Aceptar un problema en los hijos nos lleva a atravesar una serie de etapas que empiezan con la negación. Todo ello es normal es humano: «Ya se irá pasando», «es la edad», «no es importante»…
    • Sorpresa: A veces, después de verlo, nos quedamos paralizados, posponiendo la búsqueda de una solución: «mejor esperamos un poco»…
    • Cuando finalmente decidimos dar un paso adelante, y consultar a un especialista, nos sentimos culpables por no haberlo hecho antes.
  2. En muchas ocasiones, los padres se comparan con otros padres cuyos hijos no tienen esas conductas. Esa comparación daña nuestra autoestima. Sin duda hacemos las cosas con todo nuestro amor y lo mejor que sabemos.
  3. Cuando hacemos muchos esfuerzos y múltiples sacrificios y no vemos un avance en nuestros hijos ni notamos una mejoría de determinadas conductas, a veces, tenemos pensamientos frutos del dolor. Esta situación nos genera culpabilidad, incluso pensamientos acerca de nuestros hijos.
  4. Muchas veces nos sentimos culpables por estar en un proceso de divorcio: los obstáculos a corto plazo son un entrenamiento para adquirir herramientas que les ayudarán a enfrentar una vida llena de retos.

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¿Cómo vivir la culpa desde el punto de vista de los padres?

  1. La culpa de los padres es una oportunidad que nos hace aprender de nuestros errores, para evitarlos en el futuro. Y si no tienes nada que aprender de ella, déjala pasar.
  2. Mira de frente a la brecha entre lo que hay y lo que quieres que sea la educación de tus hijos. Acepta las emociones que surgen: obsérvalas y déjalas pasar.
  3. Ante la culpa, hay una profunda introspección para sacar el aprendizaje y soltarla.
  4. ¿Nunca es suficiente para ti como madre o padre? ¡Cuidado! Los hijos padecerán tu culpa. Pon tu foco en el amor hacia ellos y disfruta del presente.
  5. Identifica tu voz interior que te culpa si habla con mucha rigidez. Aquí la culpa solo es una señal, pero si ese juez interno es muy rígido, eso te dará problemas y debemos flexibilizar su voz. Aprendemos de las consecuencias donde ya no necesitamos la culpabilidad.
  6. Somos responsables de modificar este estado de culpa. Altera tu situación interior para educar mejor a tus hijos y, si no eres capaz de hacerlo solo, pide ayuda.
  7. Educa en la responsabilidad, no en la culpa.
  8. En el punto donde empieza el amor, deja de existir la culpa.

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Pedir ayuda a un profesional no te hace más débil ante tus hijos, sino mucho más valiente y consciente de que las cosas pueden mejorar, nuestros comportamientos modificarse y con ello cambiar las conductas desafiantes de tus hijos.

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