Mi hijo es muy movido: ¿qué hago?

No para, hace los deberes tarde y mal, se distrae todo el tiempo, tengo que estar siempre pendiente de él y repetirle todo 100 veces…

Los niños necesitan moverse, pero hay niños que desesperan a los padres. No andan sino que corren, se mueven todo el tiempo aunque sea para no hacer nada, tardan mucho en hacer sus tareas, no acaban una cosa y ya están metidos en otra, nunca terminan lo que están haciendo, no recoge, no atienden en el cole y tampoco piensan antes de actuar ¿Te suena?

Muchos padres viven este tipo de situaciones con sus hijos con total desesperación. Porque su hijo no está haciendo lo que esperan de él, están cansados, muy ocupados, con estrés y con poca tolerancia a la desobediencia. Además estos comportamientos llevan a muchos padres a que dejen de atender la conexión emocional que deben tener con sus hijos, empeorándola y aumentando la tensión entre ambos.

No es una situación fácil, pero habitualmente muchos padres me preguntan: ¿Cómo tengo que vivirlo? Mi respuesta siempre es clara: Acéptale tal y como es. La clave está en eso.

hijos movidos_estres y preocupacion padres

Estos niños más movidos e intensos exigen un esfuerzo mucho mayor por parte de los padres. Incluso, los niños movidos son hijos que desbordan. Nunca se les acaba la energía y suponen un gran agotamiento en los padres, pero en la implicación de los padres estará que estos niños tengan un bienestar psicoemocional adecuado.

Consejos para ayudar a tu hijo movido

A continuación te voy a aportar toda una serie de consejos con las que mejorar la relación con tu hijo movido:

Aceptarle tal y como es

Esto implica aceptar las cosas que no vamos a poder cambiar. En él, no vamos a poder cambiar que se siente en una silla como los demás y que esté quieto en una comida o que suban las escaleras tranquilamente de una en una y despacio.

Hay que aceptar que estos aspectos no van a cambiar y no deberías dilapidar tu energía en intentarlo,  hay otros aspectos en los que sí pueden cambiar y debes centrarte.

Estos aspectos y otros parecidos No cambian porque no es posible. No te pelees con él todo el tiempo.

Pocos límites y muy claros

Ellos igual que todos, necesitan límites, pero hay que elegirlos bien. Piensa bien, si van a poder cumplirlos antes de ponerlos: ¿tú crees que en la comida familiar, de dos horas, van a estar quietos? Mejor pon límites en cosas importantes, por ejemplo, en las cosas que pongan en riesgo su integridad física.

Recuérdale los límites a menudo por qué no se va acordar  y hay que ser constante en ello. Tienen cierta facilidad para los accidentes.
Recuérdaselos con claridad y sencillez.

Cuidado con los castigos

Podrían vivir castigados toda la vida con un castigo tras otro, pero no sirven para nada.

No te enfrentes a él solo cuando sea imprescindible

Son niños que explotan con facilidad y más cuando están cansados o cuando están en reuniones de mucha gente. En esas ocasiones,  no te empeñes en educarle es mejor ser más flexible ser más permisivo y tener más paciencia.

No les debes criticar delante de los demás

Intenta evitar hablan con gente de lo harta que estás de esa situación. Todos pondrán sus ojos en él o en ella y eso le pondrá más nervioso. Se  sentirá criticado, poco valorado y eso hará que se enfrente más a ti y te lleve más al límite, que te desobedezca más porque estará enfadado y rabioso. Mejor haz que pase lo más desapercibido posible.

Toda rutina es poca

El que sepan lo que hay que hacer en cada momento y que sepa lo que tú esperas de él en cada momento, les dará seguridad. Y si lo haces de forma creativa mucho mejor.

Como todos los niños, necesitan jugar y ahí también tú puedes ayudarle

Haz que acabe el juego, antes de empezar otro, que recoja el terminar e introducele en juegos que requerirán atención y calma, juegos donde sea importante ser minucioso.

Poco a poco, hay que enseñarles que ellos pueden regularse así mismos

Tú puedes enseñarles con cuentos, llevándole a talleres de Mindfulness, incluso haciendo Mindfulness en familia. Sentándose todos a ver una puesta de sol, a respirar la luz del sol, ayúdale a que conecte con momentos de calma.

Usa el refuerzo positivo mucho más que el negativo

Resáltale todo lo que hace bien, explícale cómo quieres que lo haga. No generalices, vete al grano, en cada ocasión concreta. Al resaltar lo bueno, le motivas. Seguirá buscando tu refuerzo positivo, portándose bien.

Con el refuerzo negativo se genera en el mayor malestar y mayor frustración y por otro lado aumentan sus ganas de desobedecer a menudo, ya que estará harto de que le riñan en todos los sitios: colegio, comedor, casa…

Quien  le va a decir lo que hace bien. Tú. Dile que es lo que ha hecho bien, que vea cómo valoras su esfuerzo, aunque el resultado no sea el mejor, que sienta de verdad tu orgullo por lo que ha hecho…

Debes demostrarle que estás ahí pase lo que pase, siempre

Debe saber que tu siempre estarás ahí para el/ella. Que sepa que le apoyas, que le valoras, que le quieres… Aunque no haya cosas no haga  las cosas bien, y hazlo con palabras y con abrazos.

No le etiquetes con frases negativas, céntrate en frases que resalten lo que hecho bien.

Ayúdales a canalizar su energía

Necesitan tu ayuda para canalizar su tremenda energía en cosas valiosas. Recuerda enséñale a regularse, ayudarle a organizarse y a relajarse y darle toda tu aceptación y tu amor.

¿Te ha gustado el artículo?¿Tienes dudas? Déjame tu opinión en comentarios o ponte en contacto conmigo si quieres tener más información. 

Posts relacionados

Dejar un comentario

Tu email no será publicado.