7 claves para transformar los errores en aprendizaje para los niños

Nuestros hijos no son perfectos y los padres tampoco somos perfectos. A lo largo de nuestra vida cometemos errores que nos proporcionan experiencia, aprendizaje y nos confirman que no existe la perfección. Sin los errores no podríamos evolucionar.

Sin embargo, en ocasiones, no es fácil ver los errores de forma positiva e incluso aprender de ellos y mucho menos enseñar a hacerlo a nuestros hijos. Por eso, en el post de hoy os voy a dar algunas pinceladas para transformar esos errores y conseguir sacar su parte positiva para nosotros y, sobre todo, para nuestros hijos.

¿Cómo podemos enfocar de forma positiva el error?

La mejor manera de poder ver la parte positiva de los errores es:

  1. Haciéndonos responsables y conscientes de ellos.
  2. Sacando el aprendizaje, en cada caso, y volviéndolo a intentar, para que salga mejor.

Esto implica que los padres tenemos que tener cuidado con la autoexigencia y con el perfeccionismo para no reflejarlo en sus hijos.

Es posible que nos equivoquemos cada día. Puede ser porque sin darte cuenta le has sobreprotegido toda la tarde, no te has dado cuenta de lo que necesita, se te ha olvidado el postre favorito que le pediste, le has contestado mal o le has gritado en un momento de agobio. Es momento de aceptar los errores. Porque al igual que tú, tu hijo también se equivocará casi a diario. Sin embargo, si ve que tú aceptas esos errores, él/ella también lo hará.

¿Tienes dudas?

Claves para interpretar los errores

Desde luego, todos cometemos errores pero no todos somos capaces de leer el aprendizaje que hay en cada uno de ellos. Un error nos puede dar la oportunidad de crecer, de emprender una nueva forma de hacer las cosas, de trabajar nuestra humildad, de pedir perdón, de sentir compasión por el otro o de conectar mejor y de forma más cercana con tus hijos. Vamos con alguna de las claves para lograr darle la vuelta a aquello que vemos como un error y sacarle el máximo partido.

Confiar en el niño/a o adolescente

La confianza alimentará su autoestima, la seguridad en sí mismo, le dará confianza para tomar, poco a poco, sus decisiones desde que son pequeños. Vamos con un ejemplo para que lo entendamos mejor:

Ejemplo:

María nunca le quiere dar a su hijo Pablo un vaso de cristal. Y es que Pablo siempre usa vaso de plástico porque lo tira constantemente, su madre lo recoge y lo vuelve a tirar. Lo hace constantemente incluso con el vaso lleno de agua.

Opción:

¿Y si le damos un vaso de cristal que Pablo haya elegido? María puede ir con Pablo a una tienda y que él elija el vaso de cristal que más le guste. Cuando lo escoja, su madre le dirá que si tira al suelo ese vaso de cristal se va a romper y no podrá volver a utilizarlo. Con esta acción le ayudamos a experimentar, ya que ese vaso estará asociado a un momento especial que tendrá valor para él y quizás no lo tire o quizás sí. Sin embargo, si lo tira y se rompe, se quedará sin él y lo habrá perdido, lo que le supondrá un aprendizaje.

Deja que los niños sean conscientes de sus errores

Deja que los utilicen como experiencia de aprendizaje. Cuando nosotros le marcamos sus errores desde fuera, la experiencia pierde valor para ellos. Y si no es capaz de ver su error solo, es que necesitará repetirlo, es decir, necesitará más experiencias pero, al final, acabará viéndolo.

Y si nos pide ayuda ante un error, tendremos que ayudarle y compartir con él/ella sus emociones, su lectura de la situación y le ayudaremos a buscar otras opciones.

Ejemplo:

Lucía  ha tirado agua cuando llevaba la jarra de la cocina, a la mesa.

«¡Hay que ver! ¡Te dije que la trajeras con cuidado, mira cómo has puesto el suelo!»

Opción:
«Vamos a coger una fregona, así limpiaremos el suelo para que nadie se resbale».

Ejemplo:

Marco se ha puesto al revés las deportivas.

«¡Pero hombre! ¿Es que no prestas atención?»

Opción:

«¿Estás cómodo con las deportivas? Observa lo que puedes hacer para arreglar eso».

Anímales para que superen sus errores

Ellos necesitan nuestro apoyo, que les comprendamos, que confiemos en ellos para que puedan superar sus errores, día a día. Necesitan que les reforcemos de forma positiva siempre que consigan algo y que les verbalicemos que pueden conseguirlo y que estamos a su lado.

Ejemplo:

Guille está lavando la manzana que se quiere comer, con el estropajo de las cazuelas.

«¡Pero hombre! ¿Cómo haces eso? ¡Eso no se limpia así!»

Opción:

«¿Quieres lavar la manzana? ¡Qué bien! Te voy a enseñar donde está el cepillo para hacerlo».

No busques culpables

Buscar culpables es generar un sentimiento muy incómodo en el niño/a que se ha equivocado. Y cuanto peor se sienta, peor será su análisis del error, su forma de actuar y su aprendizaje.

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Pensemos antes de hablar

Tal vez es importante cambiar los términos que utilizamos cuando nuestros hijos cometen errores y sustituir el ¿por qué ? o ¿quién? por las preguntas ¿qué? o ¿cómo?

Ejemplo:

Teresa sabe que quizás su hijo Daniel rompió el parchís con el que juegan todos los fines de semana en familia. Lo suele golpear contra el suelo y se ha dado cuenta al cogerlo para jugar que estaba roto.

Una reacción típica sería preguntar:

¿Quién ha sido? ¿Por qué lo has hecho? Estas preguntas llevan un reproche implícito y generarán en Daniel unas emociones de malestar y quizá de venganza y de negatividad.

Opción:«¡Vaya, que pena! El parchís que nos gustaba tanto esta roto, parece que ya no lo podemos usar»

Su otro hijo Pepe dice inmediatamente: «Ha sido Daniel»

Entonces, Teresa le contesta: «No importa quien haya sido, lo importante es buscar una solución y hablar sobre cómo hay que cuidar los juegos para que luego podamos disfrutar todos juntos.
¿Qué solución se os ocurre para que podamos jugar al parchís?»

Transforma tu diálogo interno

Aspirar a ser unos padres perfectos es realmente agotador. Cuando notemos que estos pensamientos van en esa dirección, debemos pensar que somos humanos y nos equivocamos y, por tanto, también se equivocarán nuestros hijos.

Si todos aceptamos nuestros errores no sentiremos su peso

Aceptar el error y permitirlo es la clave para educar niños responsables y niños autónomos.

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