Las consecuencias en los límites: ¿cuándo son eficaces?

Cuando ponemos límites a nuestros hijos debemos tener en cuenta tres claves fundamentales: qué le voy a decir, cómo se lo voy a decir, qué va a pasar si no lo cumple. Es decir, que consecuencias naturales va a tener su conducta inadecuada.

Y es que las consecuencias eficaces nos ayudan a conseguir nuestros objetivos educativos con nuestros hijos.

¿Por qué son efectivas las consecuencias naturales?

  • Porque ponen porque fin a una mala conducta.
  • Transmiten los mensajes claros sobre nuestras normas.
  • Enseñan a que nuestros hijos se responsabilicen de sus conductas.

Que las consecuencias sean eficaces dependen gran medida de cómo se apliquen

Si se hace como un castigo o de una forma excesivamente permisiva, las consecuencias tendrán un valor educativo muy limitado pero si por el contrario se aplican de forma justa, democrática y con las siguientes características tendrán un valor didáctico incalculable.

La inmediatez es esencial para una consecuencia eficaz

¿Cómo deben ser las consecuencias para que sean eficaces?

1.- Inmediatas

Juan usa la cuchara para tirar guisantes a su hermana.

Su padre le pide que pare, pero él continúa haciéndolo. Sin decir nada más su padre aplica una consecuencia lógica y le quita la cuchara.

Las consecuencias son más eficaces cuando se aplican de forma inmediata después de una conducta que queremos modificar. Ahora Juan ha establecido la conexión entre la causa y el efecto de su conducta.

2.- Congruentes. Las consecuencias congruentes son fundamentales para educar a nuestros hijos. Debe haber congruencia entre el mensaje verbal y el no verbal, entre el mensaje y la acción entre los padres por separado y los padres juntos y congruencia en la forma en que se aplican las consecuencias.

Elena es una adolescente que sabe que a partir de las nueve y media de la noche no debe utilizar el teléfono, pero tiene muchas ganas de de llamar a un amigo.

Pregunta a su madre si puede hacerlo pero su madre se mantiene firme después va a preguntárselo a su padre y le dice también que no.

Elena se acordó de que la última vez que llamó por teléfono después de las 21.30 horas estuvo sin teléfono durante una semana pero a pesar de eso decide ir a esconderse para llamar por teléfono. Sus padres se dan cuenta y le prohíben hablar por teléfono durante una semana de nuevo.

Sus padres han sido congruentes, es decir, su actuación ha respaldado sus palabras y sus padres exigen obediencia. Aunque Elena de vez en cuando quiera  cuestionar las normas siempre tendrá la misma respuesta y aprenderá a cumplir las normas de sus padres.

la consecuencia debe ir dirigida a la conducta no al niño

3.- Las consecuencias tiene que estar relacionadas con la conducta que no aceptamos. No tiene sentido prohibir al niño irse a jugar con sus amigos o que se tome un helado de chocolate si no ha compartido un juego con su hermano. Jugar con sus amigos o su postre favorito, no tienen relación con el hecho de no compartir un juego con su hermano.

Una consecuencia más lógica sería prohibirle jugar con ese juego durante un tiempo. «Si compartes el juego con tu hermano podrás seguir jugando con él, sino no podrás seguir jugando con él esta tarde y lo intentas mañana otra vez».

4.- Nuestro ejemplo.

Antonio destroza la patata asada que tiene en el plato con el cuchillo y da un grito cada vez que lo hace, la destroza dándole grandes golpes a la patata y eso le hace gracia su hermana pequeña.

Madre: «Los cuchillos no se usan así en la mesa, tienes que usarlo bien y si no tendré que quitártelo: tú decides».

Antonio: «Vale, lo usaré bien». Pero cuando su madre se levanta a por agua, Antonio vuelve hacer lo mismo, apuñala la patata. Sin decir nada, su madre le quita el cuchillo.

De esta forma, el mensaje es claro y el ejemplo es congruente, inmediato, sin culpas ni críticas y sin herir sus sentimientos. El método transmite por sí solo un mensaje sobre cuál es la conducta que vamos a aceptar.

5.- No tienen porque ser tiempos muy largos.

Las consecuencias breves, a menudo son más eficaces que las largas porque las podemos utilizar más a menudo y eso da mucha información sobre las normas a seguir. Cuantos más datos tengan antes, más conclusiones sacarán.

Para los niños pequeños las consecuencias largas no son,  muchas veces, las más eficaces.

Nuestros objetivos deben acabar con una mala conducta, motivar una conducta positiva y si lo conseguimos con una consecuencia breve, ellos tendrán más tiempo para actuar de una forma más adaptativa y comportarse bien.

6. – Las consecuencias eficaces tienen un principio y un final claros y bien definidos. Las consecuencias poco precisas o abiertas inducen a tener dudas.

7.- Borrón y cuenta nueva. Después de aplicar la consecuencia de una determinada conducta, nuestra actitud debe ser una actitud que normalice la situación para motivar la colaboración de nuestros hijos. Debemos darles otra oportunidad y pensar que van a tomar las decisiones adecuadas y a responsabilizarse de sus conductas.

¿Te ha gustado el artículo? ¿Tienes dudas para aplicar consecuencias? Házmelo saber en comentarios o si prefieres puedes enviarme un mail y hablamos.

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