Hiperpaternidad: ¿qué es y cómo cambiarlo?

Cada día observo a niños entre 10 y 12 años que vienen con ansiedad. Un trastorno que conocen bien pero que les cuesta controlar. Me cuentan que hablan más con sus amigos que con sus padres porque ellos están todo el día enfadados, ocupados, nerviosos o ansiosos. Su día a día es agotador con muchas actividades después de las horas lectivas y que no tienen tiempo para nada. El juego es para el fin de semana y, tal vez, un rato. Llevan agendas que parecen más de políticos que de niños.

Estos son los niños que viven en familias en las que hay una ‘hiperpaternidad’.

¿Qué es la hiperpaternidad?

Es un modelo de educación que se da con muchísima frecuencia en nuestra sociedad. Puede darse en familias donde los hijos están poco atendidos, incluso olvidados o en el lado opuesto donde los niños están muy sobreprotegidos, muy consentidos y muy controlados. Mucho más frecuente en este último tipo de padres.

La ‘hiperpaternidad’ engloba a padres que no permiten que sus hijos se equivoquen, ni que se frustren, ni que se traumaticen y su ansiedad, por todo ello, se la transmiten a los hijos. Persiguen hijos perfectos y, por lo tanto, ellos también pretenden serlo. Ejercen de compañeros personales, guardaespaldas, secretarias… Evitan cualquier escollo en el camino, retirando cualquier pequeño obstáculo para que sus hijos no se tropiecen, median en los conflictos con sus amigos, les hacen los deberes, les acompañan a todos los exámenes y los hijos se sienten permanentemente observados, vigilados y controlados.

Y es que no permiten que sus hijos se enfrenten solos a los problemas de cada día, les supervisan y sobreprotegen. Con ello, lo único que consiguen es una baja tolerancia a la frustración en los hijos, lo cual hace que tengan actitudes y respuestas inadecuadas, ante las situaciones en las que no consiguen lo que quieren. Son niños que no desarrollan la resiliencia.

Ese tipo de padres no soportan la ansiedad en sus hijos y, muchas veces, se ven obligados a buscar un terapeuta, ya que precisamente estos niños padecen ansiedad con muchísima frecuencia.

¿Te suenan estas situaciones? ¡Es momento de cambiarlas!

¿Es posible cambiar este modelo de educación?

Lo primero que tengo que hacer es sentarme con los padres para reflexionar sobre el nivel de ansiedad que ellos viven y, así, entender la constante preocupación de los padres por el futuro de sus hijos. Ese es el primer paso y, a partir de ahí, trabajar antes con ellos que con sus hijos.

Podríamos resumir de todo ello:

  1. La ansiedad se contagia desde los padres a los hijos, los cuales adoptan como esponjas los miedos de sus padres.
  2. La hiperpaternidad ignora las auténticas necesidades de sus hijos, desatendiendo sus ritmos de sueño, su tiempo de juego, su creatividad, sus emociones, sus ilusiones, sus relaciones sociales y les obliga a meterse en un mundo acelerado y lleno de miedos hacia el futuro.
  3. La aceleración a las que se les somete, genera mucha ansiedad que los niños no saben cómo manejar.
  4. El miedo de los padres al fracaso de los hijos hace que experimenten emociones poco agradables y a que no consigan sus objetivos.
  5. La hiperpaternidad sobreprotege y debilita la salud psicológica y emocional de los hijos y les crea un alto grado de ansiedad.

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