Límites innegociables: ¿cómo explicarlos a nuestros hijos?

Los límites deben ser flexibles y adaptados a los niños según su edad. No podemos establecer los mismos límites a un niño de 3 años que a uno de 10 años. Sin embargo, hay límites que no son negociables. Se trata de aquellos referentes a su seguridad y al respeto a los demás.

Y en ocasiones, es con estos límites cuando surgen los mayores conflictos con nuestros hijos. Muchos padres, me consultan asiduamente cómo hacer que nuestros hijos entiendan «esa prohibición» sin que se convierta en un reto interesante que constantemente intentan saltarse. Mi respuesta siempre es la misma: la clave está en la forma en la que les explicamos ese límite innegociable. 

La forma en la que expresamos las prohibiciones es muy importante, ya que es necesario poner límites cuando hay un peligro objetivo para nuestros hijos. Pero hay que saber hacerlo de la forma adecuada. 

explicar sin mermar su autoestima es la clave para las limites innegociables

Cómo explicar un límite innegociable a nuestros hijos 

A través de nuestras explicaciones, hay que intentar que esa prohibición no se convierta en un reto interesante por el simple hecho de estar prohibida. Y es que es inevitable que, en ocasiones, esas prohibiciones sean retos atractivos para los niños. Además, si nuestros hijos son muy pequeños pueden que no entiendan nuestra explicación ni tampoco el sentido por lo que les estamos estableciendo ese límite innegociable.

No olvidemos que prohibir es siempre limitar, es frenar un impulso natural que el niño tiene a la hora de explorar el mundo.

Por eso  es tan importante encontrar la fórmula para hacerlo de forma adecuada, sin hacerle sentir inferior a los demás, sin que lo viva como un reto que quiere romper y evitando, con ello, consecuencias negativas en nuestros hijos.

Vamos a poner un ejemplo para entenderlo de una forma más práctica:

Alfredo tiene cinco años y pide a su madre que le dé permiso para bajar a jugar al parque. En el parque están sus amigos y la madre está encantada de verle tan contento y tan ilusionado por bajar a jugar, pero se encuentra en una situación difícil.

En ese parque hay una verja peligrosa que los niños mayores, todos tienen ocho años, traspasan una y otra vez. Para ellos, saltar la valla es algo muy fácil pero para Alfredo puede ser peligroso y puede hacerse daño. Sin embargo, sus amigos le van a llamar para jugar y saltarán la valla para entrar al parque.

Entonces, la madre se sienta cerca de Alfredo y con un tono de complicidad le dice: «Alfredo, ¿tú crees que podrías hacer un pacto secreto con mamá?»

«Pues claro», contesta Alfredo.

«¿Tú serías capaz de no saltar la valla aunque te lo pidan Luis y Javier? Esa valla es muy alta, cariño, y yo estaría muy preocupada y sufriría mucho si te haces daño. Tus amigos son mayores, pero tú tienes cinco años. Podrás saltar esa valla pero tendrás que esperar un poco hasta que tengas su edad. ¿Me prometerías que no saltarás la valla aunque te lo pidan? ¿Te ves capaz en llegar a este trato secreto conmigo?», le explica su madre.

A Alfredo le parece muy interesante hacer un trato secreto con su madre y chocan los cinco y sonríe.

¡De acuerdo! Ahora puedes ir al parque, finaliza su madre.

las prohibiciones suponen retos para los niños

Paso a paso para establecer un límite innegociable:

¿Qué ha pasado en este ejemplo que hemos planteado? Pues que se ha dado una respuesta a una necesidad. Vamos a analizar cómo:

1. – Plantear el problema:

La madre quería darle permiso al niño porque sabe la ilusión que le hace ir a jugar al parque. Había un inconveniente que era la presencia de sus amigos mayores y la famosa valla, que supone un riesgo y un peligro para Alfredo.

La madre podría haberle prohibido directamente que saltar esa valla, podría amenazarle con un castigo o incluso le habría podido prohibirle bajar al parque. En todos estos casos, hubiera puesto una limitación muy importante para el niño y lo hubiera hecho sentirse muy mal.

«¡Ellos pueden ir a jugar al jardín y yo no! Además yo debo ser muy torpe porque a mí me prohíben saltar la valla».

2.- Dar primero la explicación:

Cualquier respuesta que hubiera empezado con “no puedes o si puedes pero…” hubiera sido como un jarro de agua fría.

Primero, es importante dar una explicación antes de llegar al sí o al no.

3.- Los rituales:

A los niños les encantan las ceremonias, los rituales y los acuerdos.

Hacer un una promesa o un juramento con su madre con un ritual y chocando los cinco y sabiendo que es algo secreto, es para el niño algo muy importante. Por supuesto y en ningún caso debemos traicionar la confianza que deposita en nosotros al hacerlo.

Hacer un pacto secreto con un padre o una madre es muy atractivo para los niños.

4.- La autoestima:

También es muy importante no hacer sentir al niño inferior a los demás. Como podemos ver en el ejemplo, la madre le explica que él podrá hacerlo más adelante porque esto es solo algo temporal y no es debido a que sea torpe, sino que es más pequeño que los demás.

Ella sabe que, si sus amigos le llaman, el saltará la valla, lo cual hace sentirse al niño capaz y valiente. Pero es un consuelo saber que su madre se lo explicado y es algo momentáneo. No es culpa de él sino que se debe a que es más pequeño que sus amigos y eso pasará.

5.- No condenar la valla:

Tampoco la madre se ha ensañado con la valla, no ha dicho que es peligrosísima, que pueden ocurrir muchas desgracias si la salta…  Le ha dicho que cuando sea un poco mayor podrá saltarla.

6.- Todo con mucho cariño y demostrando las emociones:

La madre le explica que va a sufrir y lo va a pasar muy mal si le pasa algo o se hace daño y el niño ve cómo su madre está mostrando sus emociones y que le está diciendo que sufriría porque le quiere y no quiere que se haga daño.

7.- Alfredo es capaz:

Esta situación termina haciendo sentir al niño que es capaz, a pesar de esa limitación impuesta hoy. Todo ello de una forma positiva. Además, le ha hecho entender que algunas veces las limitaciones son necesarias.

En este caso, dicha limitación se ha establecido de la forma menos perjudicial posible para el niño y sin dañar su autoestima.

¿Te ha gustado el artículo? ¿Tienes dudas para establecer límites? Házmelo saber en comentarios o si lo prefieres hablamos a través de mail. 

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