Niños exigentes: ¿cómo tratarlos?

«Katia, mi hijo da, muchas veces, por sentado que tengo que pasar sus trabajos al ordenador. Es más, me exige a hacerlo. ¿No estaré consintiéndolo demasiado si le estoy enseñando que todo está siempre a su disposición?». Esta es una de las consultas más frecuentes que recibo por parte de los padres. La exigencia de sus hijos hacia ellos. El hecho de que sus hijos vean como una obligación llevarles y recogerles a todos los sitios en coche, tener preparada su mochila, ponerles siempre, cuando y donde quieran su vaso especial.

Para afrontar este tipo de situaciones, primero siempre les digo que debemos plantearnos que:

    1. Comprendamos al niño pero también nos tenemos que comprender nosotros mismos.
    2. Uno de los principales pilares en la educación positiva es tomar en serio a nuestros hijos, escucharles y ayudarles a trabajar y a hacer crecer la confianza en sí mismos. Sin embargo, cuando sobrecuidamos o  sobreprotegemos y nos ocupamos en exceso de complacerles, los niños se vuelven cada vez más exigentes y solo esperan que cumplas todas sus expectativas.
    3. A veces consentimos en exceso a nuestros hijos y nos convertimos en sus esclavos y otras veces, es fácil que nos pasemos al extremo contrario y no les hagamos caso y no demos ninguna importancia a lo que nos piden. Como siempre, el término medio es el más difícil pero es necesario ya que los niños para desarrollar su autonomía necesitan expresar sus opiniones, poder decidir y poder ser tenidos en cuenta.

¿No sabes cómo lidiar con las exigencias de tu hijo/a?

¿Cómo actuar ante las exigencias de nuestros hijos?

  1. No tienes que dejar de hacer lo que estás haciendo cuando el niño te pida algo ni sentirte culpable por no complacerle: “Lo siento pero ahora mismo estoy ocupada, en cuanto pueda te ayudo”.
  2. Tenemos que enseñarle a no exigir lo que quieren y aprender a respetar a los demás.
  3. Puedes ayudarle a que aprenda herramientas con las que hacer  poco a poco solo las cosas que te pide o para las que te pide ayuda y para eso, a veces,  es necesario hacer algunos cambios. Como por ejemplo: deja su vaso favoritos a mano para que llegue a cogerlo solo. Enséñale  a servirse la leche, marca un horario en el que si tienen dudas tú puedas ayudarle a aclararlas pero explícale  que no vas a hacer el trabajo por él/ella.
  4. Sin sermones. «¡Puedes ponerte tu la leche, ayer te explique dónde está y lo hicimos juntos!». «Puedes ir en bici a casa de tu amigo o preguntarle si te puede llevar su madre, yo solo podré recogerte». «Si tienes problemas con el ordenador para pasar tu trabajo. Cuando termine con esto, te enseño a resolver esos problemas».
  5. Las reuniones familiares son fundamentales. Ahí podemos elaborar planes y establecer pautas claras. «Si tú me ayudas a recoger la mesa, me dará tiempo a prepararme y llevarte al entrenamiento».
  6. Planificar con antelación la reuniones, las salidas de los niños, las necesidades de llevarles a determinados sitios, para que ellos sepan cuándo vas a poder y cuándo no.
  7. Dedícales tiempo a enseñar nuevas habilidades para que cada vez tengan más autonomía. Eso al principio hará que tengas un poco menos tiempo pero a la larga irás enseñando a tus hijos a ser más responsables y más autónomos.
  8. Cuando a pesar de todo tu hijo te diga: «Ayúdame a hacer esto», aún cuando sabe hacerlo perfectamente, siempre puedes sonreír y decirle: «¡Ha estado bien el intento, seguro que a ti te sale muy bien!».
  9. Si los problemas son recurrentes intentemos buscar soluciones. Dedícales un tiempo a enseñarles a coger sus vasos, servirse la el refresco, dejar el vaso en el lavavajillas… Dales información para que entiendan en cada situación las conductas que habéis pactado en casa.
  10. Probablemente a los niños les cuesta entender por qué no estás siempre disponible. Siéntate con él y explícaselo antes de que ocurra, anticípate y busca momentos de conexión, donde hay una buena comunicación. Explícale cuando estarás disponible y cuando le podrás ayudar.
  11. Confía en él y transmíteselo: «Tú puedes hacerlo».

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Ten en cuenta que a partir de los cuatro años las reuniones familiares donde se pueden establecer este tipo de pautas son muy importantes. Ahí es cuando los niños pueden expresar lo que quieren sin exigir y pueden entender la posición de los demás.

Ceder a sus exigencias: ¿por qué?

Tengamos en cuenta que la comprensión, el respeto y la comunicación no implican tener que ceder a todas las exigencias de nuestros hijos. No se debe confundir el amor con claudicar ante las demandas de los niños. Tampoco olvidemos que poner límites es fundamental para conseguir una mayor autonomía en nuestros hijos y que sepan que el respeto debe ser una parte fundamental de su vida.

¿Tienes dudas?¿Alguna situación en concreto? Házmelo saber en comentarios o si lo prefieres envíame un mail.

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