Niños que pegan: ¿cómo gestionarlo?

Cuando un niño pega a otros niños, a sus padres o a otras personas de la familia, los padres se preguntan qué están haciendo mal. No es raro que en consulta los padres vengan con este problema y me cuenten que sus hijos pegan a otros niños con mucha facilidad y, a veces, con la misma rapidez que les pegan, se reconcilian con ellos.

Está claro que la familia es el núcleo en el que enseñamos a nuestros hijos unas normas de convivencia, que el niño tiene que ir integrando, poco a poco, de forma progresiva y para poder relacionarse.

No se nos puede olvidar que, muchas veces, somos los padres los que utilizamos la violencia verbal y que nos ha costado muchos años de trabajo, de ejercitar la paciencia y de aprender actuar de forma más respetuosa con los demás.

¿Por qué nos sorprendemos tanto de que un niño con dos años en vez de esperar su turno en el parque dé un empujón al niño de delante o le intente quitar la bici a su amigo?

¿Tu hijo pega?

¿Por qué pegan los niños?

Los niños pegan para defenderse o cuando se sienten amenazados para protegerse o cuando están rabiosos y se sienten de malhumor o con frustración.

Los padres no son culpables de que los hijos tengan la tendencia de pegar a otros niños puesto que no pueden controlar todas las circunstancias que puede vivir el niño a lo largo del día.

Sin embargo, sí son responsables de enseñar a los hijos con paciencia y, día a día, lo que es el respeto hacia el otro y lo que no pueden hacer a la hora de relacionarse con los demás.

Es muy frecuente que, cuando el niño cumpla dos años, pueda empezar a pegar a otros niños y si, en ese momento, observamos en qué situaciones lo hace, le entenderemos mejor y podremos ayudarle a verbalizar, lo que él todavía no sabe.

Ejemplo:

Si quieres jugar con los otros niños en el parque pregúntaselo, diles: ¿puedo jugar con vosotros? En vez de dar un empujón a un niño para sentarte en su sitio.

Los adultos, los padres en este caso, somos responsables de que nuestros hijos aprendan cómo relacionarse con los demás con respeto de una forma sana y con empatía. Otro problema sería que el niño pegue para dar salida a una emoción que no sabe canalizar, en ese caso, igual que en los demás. Es importante observar las situaciones en las que el niño pega.

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¿Qué deben hacer los padres ante las peleas de los niños?

Los padres no debemos juzgar a los niños cuando están discutiendo o se están pegando sino que debemos actuar como árbitros imparciales en los que sea el diálogo el que ayude a que los niños aprendan a negociar, de forma pacífica, entre ellos.

Los padres no deben decir: «Tú eres culpable o tú eres inocente». Deben encargarse de que haya unas normas mínimas de convivencia que se cumplan. Lo ideal es que los padres enseñen a resolver a los niños los problemas, por sí mismos y de una forma sana, justa y objetiva.

¿Cuándo tenemos que intervenir los padres?

Los padres tenemos que intervenir cuando hay una violencia fuera de control, cuando algo no es justo, cuando alguien está abusando del otro…

Aquí los padres pueden hacer que los niños se sienten y que haya un diálogo pacífico en el que se respeten los turnos de palabra. Con ello ayudamos a que los niños expresen sus sentimientos, cuenten qué ha pasado, negocien, pidan perdón y se reparen los daños causados al otro.

  1. Habremos separado a los niños y se están pegando.
  2. Después tenemos que dejar que se relajen, beban un poco de agua y que respiren.
  3. A continuación, cuando están más calmados les acompañaremos en este proceso en el que en expresen y encuentren la solución, guiados por nosotros y con nuestro cariño para aprender y encontrar la paz.

Este proceso lo podemos hacer en un lugar tranquilo, en el que investiguemos quien empezó pelea y que desencadenante ha habido (una burla o un insulto) para que todos comprendan por qué ha ocurrido y se expresen. Todo esto podríamos hacerlo en niños a partir de tres años que ya sean capaces de expresarse correctamente.

Ejemplo de los pasos a seguir en niños de 3 años o más:

Dos niños de tres años se están pegando. Nos acercamos, les separamos y a continuación:

  1. Les dejamos que descansen, que se relajen y cuando hayan recuperado la calma, nos podemos sentar con ellos a charlar.
  2. Ahora vamos hablar por turnos: «¿Qué te pasó?» El niño expresará su experiencia y esto lo harán de uno en uno, lo cual nos ayudará a entender el conflicto.
  3. «¿Cómo te ha hecho sentir esto?» Eso se lo preguntaremos a cada niño y les podemos dar ideas para ayudarles a expresarlo: «¿te has sentido frustrado?» Podemos hacer alguna reflexión al respecto: «Parece que os sentís todos mal, después de usar la violencia en vez de hablar y resolver los problemas con palabras».
  4. «¿Qué puede hacer tu amigo para que te puedas sentir mejor?» Esto se lo preguntaremos a todos y podemos ayudarles haciéndoles sugerencias como: «¿Te gustaría que tu amigo te pusiera un poco de hielo? ¿Te ayudaría que tu amigo te diera un abrazo?»
  5. «Ahora que ya estáis mejor, podéis llegar a un acuerdo. ¿Creéis que podéis hacer otras cosas que os apetezcan juntos?»

¿Y en niños menores de 3 años?

Cuando los niños tienen menos de tres años pasan por etapas en las que no pueden expresar con palabras lo que sienten o lo que necesitan. Por eso es importante, ayudarles a poner palabras en su boca:

  • «Si necesitas coger la plastilina, no tienes porque pegar a tu amigo o si quieres sentarte ahí no tienes porque darle un empujón. Es mejor pedirlo todo con palabras porque él también quiere usar la plastilina y podéis turnaros».

La importancia del perdón

En cualquier caso, hay un punto común que es la enseñanza del pedir perdón. Expresar el arrepentimiento si de verdad lo sienten, si no no sirve para nada. Si lo sienten, es la llave para poder seguir jugando. Aquí los niños poco a poco ganan conciencia de sus emociones y de sus actos.

Los adultos, los padres no podemos admitir la violencia y debemos buscar nuestra posición dándoles luz para que ellos encuentren la solución pacífica. No debemos dar más protagonismo al que ha empezado con el conflicto, al revés deberíamos dar protagonismo a las actitudes más positivas y más correctas.

El conflicto es importante mientras dura, así que tendremos que trabajar con los niños también que hay que aprender a pasar página. Una vez que queda resuelto, acabar siempre con nuestra presencia y con muchos abrazos.

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Elimina expresiones como:

¡Otra vez igual!
¡Ya estás otra vez pegando, es que eres imposible!
¡No sé cómo te lo voy a decir!

Los niños necesitan tener experiencias y antes de integrar un aprendizaje es posible que tengan que repetir varias veces los mismos errores. Normalmente los niños que pegan están viviendo una etapa importante porque son muy pequeños y están construyendo su personalidad y están aprendiendo a relacionarse con el mundo.

Que tú le grites, le castigues o le hagas reproches, no le va ayudar, debemos acompañarles y guiarles con amor y paciencia. Esto siempre da su fruto.

No enseñes al niño pasivo a defenderse con violencia

Algunos niños normalmente a la hora de jugar adoptan posiciones más pasivas. Nosotros no podemos decirles eso de: «Si te pegan, tu pégale más fuerte». Podríamos decirle: «Si no te ha gustado lo que ha pasado, díselo. Si te han pegado puedes decirle que no vuelvan a hacerlo y si vuelve a ocurrir cuéntamelo para que busquemos una solución juntos».

¿Tienes dudas de qué hacer cuando tu hijo pega a otros? ¿Necesitas herramientas para situaciones concretas? Déjamelo en comentarios.

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