Los premios: ¿un chantaje para conductas positivas?

Muchas veces nos preguntamos si son necesarios los premios para nuestros hijos. Sabemos que nuestras conductas están regidas por las consecuencias que tienen dichas conductas.

Por ejemplo, si aparcamos en una zona donde está prohibido el estacionamiento, nos pondrán una multa como consecuencia de lo que hemos hecho, de forma que la próxima vez buscaremos un sitio donde no nos pongan multa. Por tanto, la consecuencia natural de mi conducta es la multa, que hace que disminuya la probabilidad de volver a aparcar en el sitio incorrecto. Poco a poco aprenderé a dejar el coche en sitios donde no moleste, si necesidad de pensar en la multa.

Con los niños pasa algo parecido. Lo niños pequeños no tienen la conciencia para diferenciar el comportamiento correcto de lo incorrecto, no nacen con ese instinto y necesitan aprenderlo. Y la mejor forma de enseñarles a hacerlo es guiarles a través de las consecuencias de sus conductas.

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¿Por qué le tengo que dar un premio si es su obligación recoger la habitación?

Y tenemos razón, pero si no consigues que tu hijo/a ordene su habitación por una motivación interna, es decir, porque considera que de esa forma encontrará todo mucho más fácil, que podréis limpiar mejor su habitación y que es mucho más confortable porque todo está ordenado, habremos de darle una ‘motivación externa’ que le ayude a interiorizar todo esto.

Por ejemplo: «Voy a ordenar mi habitación porque así luego podré jugar a mi videojuego».

Hay que tener en cuenta que para incorporar un nuevo comportamiento es necesario, muchas veces, una motivación externa que luego se irá extinguiendo, a medida que vayan desarrollando su motivación interna.

No hay fórmulas mágicas en la educación de los hijos pero hay una regla de oro: «Valida los comportamientos positivos de tus hijos y no atiendas, siempre que sea posible, los comportamientos negativos».

Si buscamos que se repita una conducta determinada, podemos reforzarla con una consecuencia positiva.

Para un niño lo más importante es la atención de sus padres, por lo tanto,  validar y felicitar a nuestro hijo/a con un beso o con un abrazo cuando la conducta queremos que se repita, es el mejor premio. Esto lo hacemos al principio hasta que él o ella poco a poco vaya interiorizando esa conducta, la convierta en una rutina y lo haga sin necesidad de que nosotros lo validemos.

¿Necesitas ayuda?

Ejemplo de refuerzo de una conducta con una consecuencia positiva

Andrea es una niña de 3 años y sus padres quieren que recoja su plato y su vaso de la mesa después de cenar. ¿Cuál sería el proceso para conseguir que Andrea empiece a realizar esta acción?

Le explicaremos que todos los días vamos a poder jugar un rato después de cenar, si antes recoge su plato y su vaso de la mesa. De esta forma estamos explicando una nueva norma que tendremos en casa y cuál será la consecuencia de dicha norma. Para ello vamos a realizar tres fases:

  1. Proponemos una consecuencia positiva siempre que haya una conducta nueva. Es decir, el primer día  que Andrea recogió su plato y su vaso, se le validó y luego se le dejó jugar un ratito hasta ir a la cama. El segundo día no quiso recoger, entonces los padres le dijeron: «Si recoges el plato podremos ir a jugar un rato». A pesar de ello, Andrea no quiso hacerlo y se fue a la cama sin recoger ni jugar. Al día siguiente, ya lo había entendido y prefería jugar un rato, por lo tanto tendría que recoger. Así lo hizo y sus padres, inmediatamente validaron su conducta  y se le dejó jugar.
  2. Tras unos días validando la conducta con la consecuencia positiva, pasamos a una segunda fase. En ella, la clave está en aumentar el número de conductas que le pedimos antes de aplicar una consecuencia positiva. Por ejemplo, en esta nueva etapa, los padres de Andrea harían juntos una obra de teatro con las marionetas, que le encantan, si durante tres días seguidos recoge el plato y el vaso. Por supuesto, cada día que lo hacía la validaban con un beso y un abrazo recordándole lo que estaba consiguiendo.
  3. En este punto, la consecuencia  de refuerzo empieza a ser aleatoria. Aquí ya Andrea ha integrado su conducta y forma parte de su repertorio habitual después de cenar. Se le ha validado y se le ha explicado que lo hace porque es responsable, mayor y es lo que tiene que hacer, y así ayuda en casa y la motivación interna aparece ya en Andrea.

En la última fase, los padres reconocen y validan de vez en cuando su conducta con frases como: «Me gusta que me ayudes en casa, me encanta ver lo bien que lo haces…». Además, juegan con ella un ratito, a veces, después de la cena.

Con estas fases, finalmente, Andrea ha aprendido y ha interiorizado su nueva conducta, es más, también ahora ayuda a poner la mesa sin necesidad de aplicar ninguna consecuencia positiva.

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Otras cuestiones a tener en cuenta para reforzar las conductas positivas

Los padres son el modelo a seguir:

Los padres son ídolos para los hijos y si todos después de cenar tenéis la costumbre de levantaros y recoger el plato y el vaso, los niños harán lo mismo.

A los niños  les gusta aprender:

Los niños pasan por etapas en las que les gusta aprender y tenemos que aprovecharlas.

No debemos impedir que recojan el plato por si lo rompen, seguro que tú lo haces mejor y más rápido, pero tienes que permitir que lo haga solo y aunque se le caiga de vez en cuando. Es imprescindible que lo experimente.

Refuerzos con cosas que les gusten:

El refuerzo positivo debe ser algo que le guste a tu hijo/a y si no sabes qué es lo que le gusta, pregúntaselo.

Refuerzo positivo inmediato a la conducta que estamos reconociendo

Proporcional a la conducta que ha incorporado

Por ejemplo, si se recoge su habitación, no le vamos a comprar una moto.

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