¿Cómo reaccionar ante las respuestas fuera de lugar y las faltas de respeto de los hijos?

«¡Hazlo tú que para eso eres mi madre!» ¿Tu hijo/a te da este tipo de contestaciones y ya no sabes qué hacer? Las respuestas fuera de lugar y las faltas de respeto son más habituales de lo que pensamos, pero es necesario poner remedio cuanto antes para que esas conductas no vayan a más y se trasladen a otros aspectos.

Debemos tener claro que durante la preadolescencia y la adolescencia las conductas desafiantes se incrementan y la paciencia debe ser nuestra gran aliada y no dejarse llevar por las emociones para no acabar en luchas de poderes que no benefician a nadie.

Posibles motivos de las faltas de respeto y las respuestas fuera de lugar:

  1. Les gusta probar hasta donde pueden llegar y cuáles son tus límites.
  2. Piensan que les estás faltando al respeto, tal vez por un exceso de órdenes y se rebelan.
  3. Tienen un mal día, están pasándolo mal y con problemas que aún no conoces.
  4. No les hemos enseñado a comunicarse e interactuar con respeto.

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¿Cómo podemos manejar este tipo de situaciones?

  1. Muchas veces los padres creen que intensificando el número de límites y el control, enseñarán a sus hijos a portarse mejor: error.
  2. Resulta muy tentador castigar a los hijos cuando nos faltan con sus respuestas, pero justamente ahí es cuando tenemos que controlar nuestras emociones para tomar las decisiones adecuadas.
  3. Lo importante es que aprendan que contestar mal no es eficaz y que tendrá otra oportunidad si se esfuerzan para comunicarse mejor.

Algunas pautas:

  1. Cuenta hasta 10 antes de reaccionar contestando mal a tu hijo/a, después de que lo haya hecho. Evita frases como “no se te ocurra volverme a hablarme así”.
  2. Cuando tu hijo se haya calmado, utiliza su mala contestación para hablar con él. No entres en luchas de poder.
  3. Pon atención a las emociones de tu hijo/a, que hay detrás de esa reacción.
  4. No intentes controlar a tu hijo con el castigo.
  5. Cuando se haya calmado, podréis hablar sobre el problema que hay y dejar claros los límites.
  6. No cedas ante sus exigencias.
  7. Podemos irnos a respirar un rato antes de responder, pero no intentes controlar su conducta cuando tiene una frase fuera de tono o una falta de respeto. Espera a que se haya calmado y entonces le puedes preguntar: «¿Ahora podemos hablar?».
  8. Hay que estar dispuesto a asumir que, a veces, somos nosotros los que antes le hemos enseñado con nuestras reacciones a faltar al respeto y hemos fomentado las luchas de poder.
  9. En vez de dar órdenes, utiliza la reuniones en familia para recordar los límites.
  10. Evita frases como «¡Recoge los zapatos!» y apuesta más por: «¿Y los zapatos?». Te sorprenderás de que su reacción es diferente.
  11. Cuando estén tranquilos es bueno sentarse para hablar sobre la responsabilidad que debe asumir ante sus conductas y buscar soluciones.
  12. Mantén una comunicación diaria entre todos los miembros de la familia, es de gran ayuda para que haya respeto y diálogo.

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