Antes mordía a otros niños y ahora dicen que es el que pega en clase…

Cuando un niño muerde a otro o le pega y vemos esto los padres, solemos querer resolver deprisa esta conducta, ya que nos avergüenza y se aleja de la imagen que queremos que tenga nuestro hijo socialmente. El “qué estarán pensando de mi hijo», es decir, la presión social está por medio. Los niños y adolescentes rebeldes, desafiantes, retadores, violentos o con agresividad son personas que necesitan una guía para saber qué les pasa y como pueden expresar lo que sienten, sin hacer daño.

Debemos entender que cuando un niño está siendo agresivo hay una serie de factores que hacen que actúe de esa manera con esa agresividad.

Puedes reaccionar enfadándote muchísimo y diciéndole que es un niño muy malo, que tiene la mano muy larga y que se porta muy mal. A su vez los profesores, te dirán que es un niño que se porta muy mal, que le tienen que castigar a menudo porque tiene comportamientos muy violentos. Y así poco a poco se va conformando su “etiqueta”.

Y eso es un lastre que él llevará y que a su vez hará que sea criticado y castigado cada vez que ocurra, lo cual va hacer que su comportamiento empeore poco a poco.

Las etiquetas son como los tatuajes, se graban a fuego en la piel del niño, que se acaba creyendo lo malo que es.

La primera vez que el niño mordió a otro niño de pequeño, podíamos:
1-Haberle acompañado con mucha paciencia
2-Haberle parado
3-Haberle preguntado qué le pasa
4-Haber intentado, con mucha empatía, sentir que le movía a hacer es, haciéndole entender que él era responsable de sus conductas.  Sin hacerle sentir culpable ni mala persona ni juzgado ni como si fuera raro o cruel sino ayudándole a integrar las emociones que están detrás de esas conductas.

 Por tanto en estos casos es muy importante hacer un acompañamiento emocional ya que los niños van reforzando su conducta hasta que ya se transforma en un problema real en la adolescencia.

Cuando esto ocurre el niño o el adolescente no necesita insultos reproches o castigos sino alguien que le ayude a buscar la raíz de esos comportamientos, alguien que le ayude a encontrar la raíz de su malestar y de todas las emociones que no es capaz de procesar y recolocar.

Toda agresividad mal acompañada en el pasado debe acompañarse en el presente.

Los niños o adolescentes agresivos son niños que requieren ayuda a nivel emocional.

Siempre que nuestro hijo tiene un comportamiento agresivo debemos:

  • Plantearnos cómo le estamos educando.
  • Como estamos acompañándole con sus emociones.
  • Observar qué circunstancias están precipitando o necesitando más acompañamiento, tales como separaciones ,duelos o traumas.
  • Puede que a pesar del acompañamiento el problema ya se haya transformado en algo que necesiten de la ayuda de un profesional.

Fundamental para los padres:

1-Entender que la agresividad no es un problema en si, sino una emoción o un conjunto de emociones expresadas de esta forma.

2- Tener en cuenta la edad y acompañar sus emociones de forma acorde a su edad.

3- No juzgarle.

4- Por supuesto no perder los nervios ni la calma y la serenidad.

5- Intervenir ante la agresión para frenarla o evitarlo en la medida de lo posible y es bueno hacerlo sin violencia ni gritos .

6- No faltarles al respeto ni reírnos de ellos.

7- Trabajar sobre la propia frustración que nos producen estas conductas, para no añadirla a la suya.

8- Ofrecerle una comunicación que se basa en la empatía, amabilidad y cariño.

9- Cuanta más serenidad le aportemos más le estaremos ayudando.

10- Dejar de lado lo que opinen los demás y no etiquetarles.

11- Tenemos que abandonar el victimismo para poder acompañarle cada vez que nos necesite. No te lo tomes como algo personal.

12- Los niños son emoción no razón.

Hablar todo lo posible sobre ello y una vez que haya pasado la tormenta, a partir de los 4 años más o menos, recrear las escenas de violencia con juguetes con dibujos para que pueda explicar cómo se ha sentido, que cree que necesitaba, cómo podía haberlo hecho de otra manera. De esta forma le estamos dando herramientas para que procese todas sus emociones.

Por supuesto evitar los castigos.

Pongamos un ejemplo

Elena nunca lloraba porque le enseñaron a reprimir sus emociones desde pequeña.

Las emociones deben salir si no salen y se guardan surgen de otra forma, en forma de miedos, de dolores físicos o de agresividad. Deberían haber acompañado sus emociones respetándolas y haber enseñado a expresarlas sin hacer daño.

Elena se separó muy pequeña de su mamá para ir a la escuela infantil y ahí empezó a morder.

La separación temprana es algo que afecta muchas veces a los bebés y estas separaciones necesitan acompañamiento y protección por parte de los padres.

También las profesoras de la escuela infantil necesitarían haber utilizado pautas y herramientas para acompañarla sin etiquetarla cuando empezó a morder. También ese acompañamiento debería haberse hecho en casa con un trabajo continuado porque los bebés se comunican así.

Si se le da la importancia necesaria, con la comunicación en estas etapas da lugar a la desaparición de estas conductas.

Nadie acompañó en este proceso a Elena y además tuvo un hermano pequeño.

Desde el minuto uno cuando un niño tiene un hermano hay que acompañarle de forma especial y no descuidar su malestar interior ya que necesitan mucho amor y mucha paciencia para adaptarse a esta nueva situación.

Elena entra al colegio etiquetada como mordedora.

Las etiquetas son muy poderosas y el niño la sacaba interrogando. Elena se creyó su papel y lo lleva a cabo.

Sus papás deberían haber parado esta etiqueta y haber sabido acompañarla y haber entendido su necesidad de acompañamiento por la situación por la que atravesaba y haber trasladado toda esta problemática a los profesores.

Elena se convirtió en una falsa líder teniendo muchos conflictos por maltrato a sus compañeros.

Elena se convirtió en una persona muy insegura, sin autoestima, con muchos miedos al no encajar en la sociedad pero reaccionaba ante todo ello sin reconocer que se sentía desvalida, frágil, sola y triste.

Haciendo daño a los demás creía que se posicionaba mejor socialmente. Sus padres habían cometido muchos errores desde pequeña.

Conclusión.

Cuando un niño tiene un comportamiento agresivo necesita que los adultos que le rodean tanto padres como profesores tengan un enorme respeto por sus emociones que le entiendan, le acompañen, le sostengan y le enseña a soltar todo eso que lleva dentro y sin hacer daño a los demás.

La solución está en trabajar la raíz y los motivos que hay detrás de estas conductas en vez de centrarse en las conductas en sí mismas.

Muchas veces la agresividad es un problema que se va de las manos a los padres en esos casos no dudes en pedir ayuda, puedo ayudaros.

Si quieres saber más sobre gestión emocional o cómo ayudar a tus hijos con límites sanos y eficaces te animo a seguirme en mis redes sociales donde diariamente comparto consejos.

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