«¡Estoy a punto de perder los nervios!»

En todas las situaciones conflictivas con nuestros hijos hay un punto en común: no es fácil mantener la calma. Podemos llegar a esos conflictos por problemas en cualquiera de las dos partes. Pero nos corresponde a nosotros, como adultos, controlar el desarrollo y afrontar el comportamiento de nuestros hijos de una manera más relajada.

Después de esos días en los que nuestra hija o nuestro hijo se levantan con el pie izquierdo o en el que llegamos agotados y con un montón de problemas, es muy difícil mantener la paciencia y la tranquilidad, mientras enfrentamos los conflictos en el hogar.

Quizá cuando entremos muy sobrepasados por la tensión y el cansancio es mejor que avisemos y digamos: hoy vengo muy cansado. A pesar de eso, podemos notar como nuestro enfado va aumentando por momentos. Cuando la conducta de nuestro hijo es una conducta con gritos, enfados, porque no le hemos dejado tomarse el helado antes de cenar es el momento en que necesitamos controlar nuestros nervios.

Qué hacer para controlarnos antes de perder los nervios

En ese momento en el que vemos que estamos a punto de estallar es cuando tenemos que retirarnos. Podemos salir a otra habitación, respirar hondo varias veces, soltar todo el aire poco a poco en cada inspiración, imaginar una escena agradable paseando por una playa o cualquier situación que nos transmita tranquilidad y paz.

Además, deberíamos tener un pensamiento claro: «Es normal que mi hija/hijo se enfade cuando le diga que no puede comer el helado y debo mantenerme en calma para poder ayudarle a resolver esta situación».

Controlar el enfado de nuestros hijos

Una vez que estamos más tranquilos, podemos salir de la habitación, dirigirnos a nuestro hijo y repetirle en un tono bajo y muy cercano, hablando muy despacio, la misma orden: «Sí, sé que estás enfadado pero no puedes tomarte el helado antes de cenar».

¿Cómo pueden reaccionar nuestros hijos?

Debemos revisar la reacción de nuestros hijos. Si su reacción no es adaptativa puedes irte a otra habitación y cerrar la puerta. ¿Qué podemos hacer si viene detrás de la puerta, se pone a gritar o da patadas muy enfadado? Entonces podemos decirle: «Cuando dejes de dar patadas y te calmes, hablamos«.

Sabemos lo insistentes que pueden llegar a ser, pero debemos mantenernos en nuestra sitio. Tu objetivo es calmarte para poder dar una respuesta adecuada, no importa que tengamos que repetir muchas veces lo mismo: «Entiendo que te enfades, pero es que no puedes tomarte el helado hasta después de cenar».

Después de habernos tranquilizado, podemos salir de la habitación cuando veamos que ellos también han dejado de gritar y de patalear. Entonces, buscamos un espacio tranquilo, como su habitación, y ahí podemos sentarnos con ellos para hablar de lo que ha pasado.

Podemos enseñarles a utilizar una palabra por ejemplo «basta». Esa palabra se la podrás recordar cuando está muy enfadado para que vaya a su cuarto a relajarse, respirar y probar a ver si es capaz de controlar de mejor manera sus enfados.

También pueden ir a su habitación, sentarse en el suelo, abrazar sus rodillas apoyando su mentón en el pecho y a partir de ahí llenarse de aire estirarse y luego echar el aire con todas sus fuerzas y volver a inclinarse hacia delante. Este ejercicio repetido varias veces hará que el niño aprenda a relajarse poco a poco, cuando llega la palabra «basta».

Estoy a punto de perder los nervios

A continuación podemos hablar de cómo se siente, sin quitar importancia a lo que expresa: «¿Qué crees que puedes hacer la próxima vez? Cuando me gritas, me siento muy triste». Hazle algunas preguntas, dale consejos y premia su logro de hablar estas situaciones contigo. Cuéntale tus experiencias, recuérdale que es importante poner nombre a lo que siente.

La próxima vez intentará relajarse en su habitación y te pedirá ayuda, si no lo consigue, porque tú estarás ahí para ayudarle.

Cómo pueden colaborar los profesores con los padres

Lo habitual es que las conductas desadaptativas de los hijos aparezcan tanto en casa como en el colegio. Si nuestro hijo recibe anotaciones del colegio, conviene tener todavía más en cuenta estas conductas, para trabajar en la misma dirección que los profesores y trabajar estos comportamientos en casa. La coordinación entre padres y profesores es muy importante en estos casos.

A veces la madre y la profesora evitan hablar delante de la niña de las conductas que no han sido adaptativas y procuran tratar delante de la niña de las cosas que ha hecho bien. Esto supone que cada vez que la profesora hable de una conducta positiva, la madre podrá dejar ir un rato más a jugar a la niña al parque con sus amigas o a leer un rato un cuento con sus padres antes de dormir.

Si no había ninguna actitud positiva comentada por la profesora en la clase, se le recordaría que al día siguiente debe esforzarse y trabajar sus conductas. Es sorprendente cómo, tras el esfuerzo en equipo, el comportamiento empieza a cambiar tanto en clase como en casa.

Ahora es tu turno, ¿has tratado con los profesores de tus hijos su comportamiento ante un enfado? ¿Crees que tus hijos son capaces de ponerle nombre a sus enfados? Házmelo saber en comentarios o si prefieres puedes enviarme un mail y hablamos.

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