Gestionar emociones en niños: el enfado

«Ahora voy»

«Porque tú lo digas»

«En casa de papá no tengo que hacerlo»

«Eso es una tontería»

«Y mi hermano, ¿qué?

¿Te suena? Podríamos añadir infinitas respuestas de nuestros hijos a nuestras preguntas o normas, sin embargo todas tienen algo en común: nuestro hijo está enfadado.

¿Por qué nuestros hijos se enfadan?

El enfado es una emoción necesaria y los niños lo deben experimentar para desarrollar su inteligencia emocional. No debemos calificar las emociones como buenas o malas, ni como positivas o negativas. No debemos enjuiciar todas las emociones porque son fisiológicas, están presentes y son necesarias.

Eso sí, es necesario que sea el niño el que acabe controlando sus emociones y no que las emociones le controlen a él/ella y eso es un aprendizaje que nosotros debemos tener presente

Los padres vivimos con angustia cuando los niños no obedecen. Nos producen ansiedad las conductas disruptivas de nuestros hijos y solemos utilizar frases como: «Siempre hace lo que quiere», «lo hace para fastidiarme» o «solo hace caso cuando le apetece».

Los niños muestran su desacuerdo según la edad. Lo hacen pataleando, llorando, protestando o gritando incluso, en ocasiones insultado o llegando a pegar. Y es que los niños no conocen otra forma de mostrar su desacuerdo y aquí entra nuestro papel fundamental como padres.

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Los niños aprenderán a gestionar sus emociones con el ejemplo de sus padres

Como padres debemos ayudarles a reconocer sus emociones y a expresarlas de forma adecuada. Enseñarles a desarrollar su tolerancia a la frustración, su autoestima, su capacidad de resolver problemas, su autocrítica… ¿Cómo? Con amor, mucha paciencia y con tiempo, ya que no será un proceso rápido.

Cuando nuestros hijos lloren, pataleen, griten o incluso insulten, nuestra respuesta deber ser calmada. No podemos nunca entrar en emociones como la ira o el enfado porque esto va a producir una escalada progresiva de enfados a nivel familiar. En ella tanto nuestro hijo como nosotros vamos a ir subiendo la intensidad de dicho enfado y la situación va a acabar convirtiéndose en una lucha en la que cada uno intenta imponer su criterio. Al final, solamente conseguiremos como padres sentirnos mal y no lograremos ayudar a nuestros hijos.

¿Cómo pueden nuestros hijos gestionar emociones como el enfado?

Para que esto ocurra hace falta:

  1. Que el niño identifique el enfado. Cuando veamos que aprieta los labios y nos mira rabiosos podemos ayudarle diciéndole: «Te estás enfadando».
  2. Que le expliquemos lo que acompaña al enfado para que él se dé cuenta y le resulte más fácil pararlo: «Sé que te estás enfadando porque te estás poniendo rojo, estás apretando los labios y me estás mirando rabioso».
  3. Debemos enseñarle a expresar de forma adecuada sus emociones, así como a tener autocontrol. En aquí donde más nos van a necesitar y nosotros podemos intervenir explicándole cómo nos sentimos nosotros cuando nos enfadamos, qué emociones tenemos y lo bien que nos sentimos cuando respiramos y conseguimos relajarnos. Conseguimos que el enfado no sea dueño, no sea el jefe, sino que tú te conviertes en el jefe del enfado y no es el enfado el que te domina.

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¿Cuándo nuestros hijos se enfadan con más facilidad?

Hay muchas situaciones en las que como padres podemos intuir que nuestro hijo se va a enfadar:

  • Cuando está cansado después de un largo día de juego, de colegio… Ahí les podemos decir: «Estás cansado, te ayudo a recoger y si quieres te acompaño para ir a dormir”.
  • En momentos en los que esté aburrido. Y le podemos decir: «Ayúdame a colocar la compra, así termino antes y después podemos hacer un postre juntos».
  • Si algo que les hacía ilusión y querían no ha salido bien o como ellos esperaban. En ese momento, podemos hacerles cambiar de pensamiento y les proponemos un plan: «¿Vemos una peli?»
  • Cuando nos piden algo que quieren y nosotros no se lo damos. Ahí les podemos explicar el por qué no se lo damos y cómo podrían llegar a tenerlo.
  • Si algo no les parece bien pero nosotros queremos que lo hagan como terminarse todo el plato de lentejas. Ahí podemos explicarles todo lo necesario es que se coma el plato de lentejas y de esa forma podrá elegir el postre.

Los padres tenemos que entender que quejarse, protestar y desobedecer forman parte del crecimiento natural y sano del niño

La educación positiva, clave para la gestión de emociones de nuestros hijos

Apostar por una educación positiva con nuestros hijos nos permitirá establecer un vínculo emocional con ellos desde la calma y el diálogo. Podremos enseñarles a gestionar ese tsunami emocional y sobre todo sabrán que estamos por y para ellos. Con una educación positiva nuestros hijos saben:

  • Lo que ellos hacen repercute en el resto de los miembros de la familia. Por tanto, sus buenas conductas nos producen alegría.
  • Sus esfuerzos tienen recompensa y eso les ayuda a sentirse capaces de hacer muchas cosas.
  • Que papá y mamá siempre van a estar ahí para él/ella.
  • Que su casa es un espacio seguro en el que se sienten protegidos y queridos.

Ejemplos prácticos de educación positiva

  1. Cuando nuestro hijo no quiere ir a dormir, nuestra respuesta: «Es mejor que pienses en ir a dormir porque sino mañana tendrás mucho sueño en clase y no podrás atender a tu profesor».
  2. Después de todo el fin de semana, los deberes los ha dejado para el último momento. «Entiendo que todo el fin de semana has estado jugando y ahora aunque tienes sueño tienes que terminar los deberes. Tal vez el próximo fin de semana te parezca mejor hacerlos el sábado por la mañana».
  3. Cuando llora o grita sin consuelo: «Cuando dejes de llorar o de gritar podemos sentarnos a hablar».
  4. Cenas interminables. «Si tardas mucho en terminar de cenar, tendremos poco tiempo para que te lea el cuento que te leo cada noche».
  5. Cuando termina de comer a tiempo, le decimos lo bien que lo ha hecho. «¡Qué bien! Has terminado de cenar justo a tiempo y ahora tenemos un rato para que te lea el cuento que quieras».
  6. Cuando hace los deberes sin ayuda. «Intenta resolver tú solo lo que estás haciendo y si no puedes, me lo dices y puedo ayudarte».

¿Te ha gustado el artículo? ¿Tienes dudas de cómo validar sus emociones? No lo dudes, déjame tu pregunta en comentarios o si prefieres puedes ponerte en contacto conmigo. 

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