Cómo enseñar a nuestros hijos a tomar decisiones: 9 errores a evitar

A todos los padres nos gustaría que nuestros hijos muestren su opinión, tomen sus propias decisiones, no se equivoquen, sean autónomos, independientes, tengan autoestima… Sin embargo, de forma inconsciente o, en ocasiones, consciente nuestras opiniones, decisiones, normas o límites no ayudan a que tengan estas actitudes.

Quizás, el miedo a que sufran o a que se equivoquen nos lleva como padres a tener una serie de actitudes que, lejos de ayudarles, les provoca inseguridad, una baja autoestima y, sobre todo, conseguimos todo lo contrario a lo que realmente queremos que no piensen y tomen sus propias decisiones.

como ayudar a tomar sus decisiones

Comportamientos que debemos evitar con nuestros hijos

  1. Decirles lo que deben pensar en cada momento.
  2. Criticar sus ideas y sus opiniones cuando las comunique.
  3. Etiquetar con «bueno o malo» todo lo que opinen.
  4. Si surgen oportunidades, no dejar de darles consejos, a ser posible hablando de tu propia niñez.
  5. Evitar todo lo que puedas que recorran caminos que a ti no te gustan, con frases como: «¡No te molestes porque si lo haces así no te va a salir bien! ¡Yo no conozco a nadie al que se le ocurriría hacer eso!»
  6. Ser muy serio y responsable. No te muestres implacable con los deberes y las obligaciones.
  7. Pedirles que estén atentos porque las explicaciones las das solo una vez, que aprendan a escuchar.
  8. Hacer lo que tú digas, no lo que tú hagas.
  9. Intentar que tus hijos crean que eres perfecto.

Quizás estas frases o actitudes nos pueden parecer de otra época, pero desgraciadamente muchos padres todavía las incluimos en la educación con nuestros hijos. Y es que estos ‘antiprincipios’ hacen que no demos a nuestros hijos la información que necesitan para poder tomar sus decisiones y con ello ir forjando sus opiniones. Todo lo contrario, impiden que tengamos en cuenta sus puntos de vista y, por tanto, sentirán que sus opiniones no merecen la pena.

 

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Cómo ayudarles a forjar sus opiniones y decisiones

Como padres, deberíamos tener relaciones con nuestros hijos en las cuales nosotros podamos ser una guía para ellos, pero el hecho de ser una guía, no justifica ninguno de los comportamientos de los que hemos hablado al principio.

Si nuestros hijos nos plantean preguntas o situaciones de incertidumbre, no debemos responder inmediatamente dando una solución y una respuesta clara y obvia y menos a través de un sermón. Nuestra actitud debe ser darles información, sin dirigirles, haciéndoles preguntas para que puedan pensar e ir llegando a las conclusiones adecuadas, sin intentar persuadirles, convencerles y menos aún obligarles.

Ellos irán forjando su carácter poco a poco y todo ello ocurrirá de una forma sana y positiva cuando en la relación con nuestros hijos, todos participemos y compartamos reflexiones y emociones de forma inteligente

Actuar sin reflexión y sin afecto, e imponiéndonos, pasará factura ya que estaremos impidiendo que nuestros hijos adquieran las herramientas necesarias para ganar en inteligencia emocional. Les estaremos privando del aprendizaje que conlleva el ensayo y el error.

Debemos analizar cómo nos sentimos cuando creemos que perdemos poder y control, por el hecho de limitarnos a guiar, abandonando las ideas preconcebidas, las etiquetas y la respuestas de «bueno o malo».

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Y si nuestros hijos son muy dóciles y no se cuestionan la actitud de los padres, no quiere decir que eso sea positivo, muchas veces lo que quiere decir es que el niño carece de todo criterio para enfrentar una nueva situación.

Decirle a nuestro hijo lo que tiene que hacer no es lo mismo que enseñarle a resolver los problemas por sí mismo

Cuando animamos a nuestros hijos a pensar por sí mismos, les hacemos responsables y esto permite que desarrollen cada vez más habilidades. Sin olvidar la transmisión de los valores que van a ser la referencia, a la hora de que ellos marquen sus objetivos.

Por ejemplo, si nuestro hijo nos dice que quiere dejar de estudiar, nuestra actitud no debe ser la de darle un sermón muy largo, castigarle o amenazarle. Ten en cuenta que, normalmente, estas actitudes suelen ser actitudes retadoras y pasajeras a no ser que nos esforcemos en que se radicalicen en ellas.

Podemos explicarle lo que supone dejar de estudiar, las puertas que se van a cerrar cuando quiera alcanzar un objetivo o un sueño y convertirse en quién quiere convertirse en la vida, es decir, enseñarle a que analice las consecuencias de sus actos. Ayúdale a que visualice cómo sería su vida si deja de estudiar, para que vaya analizando los pros y los contras.

Hablar a los hijos para hacerles pensar y reflexionar en los valores y a través de ellos tomar sus decisiones es una tarea fundamental. Ayudarles a considerar los aspectos negativos de sus posibles decisiones, les ayuda a aprender a tomar decisiones desde la responsabilidad.

¿Te cuesta tener este tipo de relaciones con tus hijos? ¿Tienes dudas? Déjame un comentario o escríbeme un mail.

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