Detrás de una conducta difícil, hay una necesidad
14 de enero de 2026

Las conductas de los niños a veces resultan difíciles de entender.
Sin embargo, cuando nos detenemos a observar y analizar la situación, es frecuente descubrir que detrás de los conflictos no hay un niño “que se porta mal”, sino un niño que necesita cariño, tiempo y comprensión.

¿Te gustaría saber cómo transformar un constante “no, no y no” en una oportunidad de conexión?
Hoy lo veremos a través de un ejemplo muy cotidiano.


¿Qué hay detrás de una conducta inapropiada?

A los niños suele costarles comportarse de forma adaptativa cuando:

  • no se les presta atención y se sienten ignorados
  • tienen deseos que no se han cumplido
  • las situaciones se escapan de su control
  • no saben expresar cómo se sienten
  • se espera de ellos algo que no pueden dar
  • están cansados o sobreestimulados

Como consecuencia, pueden gritar, llorar, negarse, enfadarse o mostrar conductas desafiantes.

En estos momentos es importante preguntarnos:
¿Qué ha desencadenado su frustración?
¿Qué dificultad está teniendo?
¿Y qué papel juegan nuestras propias emociones?

Muchas veces, si les preguntamos por qué reaccionan así, ni siquiera saben explicarlo.
Cuando la emoción es muy intensa, ponerla en palabras resulta imposible.


Un ejemplo para comprenderlo mejor

Una madre va a recoger a su hija Elena a la guardería.
El autobús llega tarde debido a un accidente y la madre lleva más de media hora esperando, muy nerviosa.

Cuando por fin llega y ve a Elena jugando, le pide rápidamente que se ponga el abrigo y los guantes.
La respuesta es inmediata:
“¡No, no y no!”

La madre se siente observada por otras personas, comienza a avergonzarse y la situación empeora.
Elena no quiere darle la mano, no quiere ir a la farmacia, toca los productos, grita y responde mal.

Al llegar a casa, la madre se da cuenta de que ha olvidado la bolsa de la compra en la farmacia. Vuelve corriendo, pero ya está cerrada.
Se siente frustrada, enfadada y desbordada.

Cuando llega a casa, rompe a llorar delante de su marido… pero no delante de su hija.
Eso la hace sentirse aún peor.


Veamos qué ha pasado realmente

1. Desde el punto de vista de la madre

Quedarse atrapada en un atasco, no llegar a tiempo a recoger a su hija y sentirse juzgada por los demás es una situación altamente estresante.

La madre llega alterada, nerviosa y con una gran sensación de impotencia.
En ese estado emocional, le resulta muy difícil conectar con lo que siente su hija.

Deseaba colaboración, comprensión y rapidez, no una rabieta delante de otras personas.
Es comprensible que al llegar a casa se derrumbe emocionalmente.


2. Desde el punto de vista de la niña

Elena todavía no sabe escribir, ni expresar con palabras complejas lo que siente.
Ha estado preocupada porque su madre no llegaba a buscarla.

Cuando por fin llega, su madre le pide rápidamente que se prepare, sin detenerse a mirar cómo se siente.

Cuando todo va demasiado rápido y la emoción es intensa, su forma de decirlo es:
“no, no y no”.

No es un acto consciente de desafío, sino una respuesta automática para frenar la situación y poder entenderla.

La aceleración emocional de su madre la asusta y la desconecta.
Elena vive en el presente y se siente sola, enfadada y confundida.

Quizá hubiera necesitado que su madre se sentara un momento con ella, le explicara qué había pasado, le dijera que la quiere, le preguntara cómo había ido su día.

Los niños aún no dominan la flexibilidad ni la resiliencia.
Necesitan tiempo, espacio y ayuda para comprender lo que sienten.

Y necesitan que el adulto les ayude a poner palabras a sus emociones:
“Estás enfadada, frustrada y asustada porque pensabas que no iba a venir a buscarte.”


La conducta cambia cuando cambia la mirada

Ser madre o padre requiere tiempo, presencia y ritmo.
Si vamos demasiado rápido para el ritmo emocional de nuestros hijos, si no les ayudamos a verbalizar lo que sienten, si no les anticipamos los cambios o no los incluimos, después tendremos que invertir mucho más tiempo reparando la conducta.

Cuando la madre de Elena aprendió a bajar el ritmo, a estar presente, a conectar emocionalmente y a ayudar a su hija a expresar lo que sentía, el comportamiento de Elena cambió de forma significativa.

Porque cuando un niño se siente visto, comprendido y acompañado, ya no necesita gritarlo con su conducta.


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Y si tu hij@ presenta dificultades emocionales, de conducta o de adaptación, no dudes en consultarme.
Estaré encantada de poder acompañaros.

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