Desde que nacemos, sentimos emociones. Sin embargo, no nacemos sabiendo gestionarlas: igual que aprendemos a caminar o a leer, también debemos aprender a identificar, expresar y regular lo que sentimos.
Las emociones no solo ayudan a los niños a comunicarse mejor, sino que desarrollan su empatía, mejoran su relación con los demás y son clave para su bienestar y éxito futuro. Pero, ¿cómo enseñarles a gestionarlas desde pequeños?
¿Cuándo empezar a enseñarles sobre las emociones?
El aprendizaje emocional comienza en los primeros años de vida. Aunque los bebés ya sienten emociones primarias —como la alegría, el miedo o el enfado—, necesitan adultos que les ayuden a darles nombre, entenderlas y expresarlas de forma saludable.
Antes de enseñar, como adultos, también necesitamos reconocer nuestras propias emociones y comprender que:
- Todas las emociones son válidas (no hay ni buenas o malas).
- Las reacciones emocionales vienen y van, como las olas del mar.
- Algunas son innatas (primarias) y otras se aprenden (secundarias), como la vergüenza.
4 pasos para ayudar a un niño pequeño a gestionar sus emociones
1. Legitimar sus emociones
No minimices lo que siente. Valida su emoción con frases como: “Entiendo que estés enfadado porque…”. Los cuentos y juegos son herramientas excelentes para trabajar esto en niños pequeños.
2. Enseñarle a poner nombre a lo que siente
Desde los 3 años puedes empezar a hablarle de emociones con palabras sencillas. Ayúdale a identificar si está triste, frustrado, nervioso o contento. Incluso a reconocer la intensidad: “¿Un poco enfadado o muy enfadado?”.
3. Expresar de forma sana lo que sienten
Es crucial enseñarles a no reprimir lo que sienten, pero también a no dañarse ni dañar a los demás. Frases como “Puedes estar enfadado, pero no puedes pegar” marcan ese equilibrio entre validación y límites.
4. Ayudarle a regular lo que siente
Enseñarle a no quedarse enganchado al enfado todo el día es parte del aprendizaje emocional. Técnicas de respiración, distracción positiva o cambio de enfoque son herramientas clave.
¿Por qué es importante trabajar todo esto con los niños?
Detrás de muchas conductas que preocupan a las familias —rabietas, miedos, bloqueos o falta de motivación— suele haber emociones que el niño no sabe manejar. Aunque no podemos cambiar todo lo que les pasa, sí podemos ayudarles a cambiar cómo lo enfrentan.
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