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Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

La Terapia de Aceptación y Compromiso o ACT, se engloba en las Terapias Contextuales y se apoya en la Teoría de los Marcos Relacionales, la cual se basa en el análisis del lenguaje, y la cognición, como aprendizaje.

La evidencia científica de ACT en la población infantil / adolescente, ha demostrado su eficacia por lo que su aplicación es cada vez más utilizada en el mundo.

Su aplicación presenta en niños y adolescentes diferencias fundamentales con respecto a su aplicación en adultos:

  • Se basa en terapias muy experienciales donde el niño/adolescente es el protagonista que discrimina sus patrones de conducta ineficaces.

Estas terapias presentan un enfoque novedoso dentro del enfoque de las terapias de conducta en niños y adolescentes hasta ahora y suponen un cambio en la visión de la ‘salud psicológica’:

  • Proponen la aceptación de las condiciones de la vida que no se pueden cambiar y el compromiso hacia el cambio de lo que se elige en la vida, y esta elección depende de los valores de cada persona.

Es decir, se trata de que el niño / adolescente desarrolle una mayor habilidad en la toma de perspectiva y pueda aceptar sus eventos privados (pensamientos, emociones, sensaciones…) para luego actuar en función de sus valores, nuevas direcciones. O sea, que elige no luchar contra sus eventos internos, y dirige su acción hacia los valores.

Esta Terapia conductual se enfoca en el análisis funcional del comportamiento del niño /adolescente y en la redefinición contextual de su problema.

El objetivo de ACT no es modificar los eventos psicológicos sino entrenar al niño / adolescente en patrones comportamentales más adaptativos y flexibles, como base para constituir relaciones curativas y de contextos vitales valiosos.

Aplicarla en niños y adolescentes exige tener un profundo conocimiento de las particularidades de estas etapas de la vida…

Es una experiencia terapéutica intensa, emotiva, profunda y eficaz. Es un estilo de vida.

Principios de la Terapia ACT

ACT pretende generar un repertorio extenso y flexible de acciones encaminadas a avanzar hacia metas y objetivos inscritos en direcciones personalmente valiosas y no por la presencia o ausencia de ciertos estados cognitivos o emocionales valorados como negativos (dolor, ansiedad, miedo, tristeza, rabia, enfado, preocupación…)

Carmen Luciano

Más sobre ACT

ACT es:

  • Un tratamiento centrado en acciones valiosas para el niño / adolescente.
  • Contempla el malestar / sufrimiento como normal, producto de la condición humana, como seres verbales que somos.
  • Define que se aprende a resistir el sufrimiento normal y esa resistencia general el sufrimiento patológico.
  • Promueve el análisis funcional de los comportamientos del niño /adolescente, por lo tanto se basa en la experiencia del niño / adolescente, como clave del tratamiento.
  • Tiene como objetivo flexibilizar la reacción al malestar porque la experiencia del paciente le dice que resistir los eventos privados limita la vida, y centrarse en ellos es perder la dirección.
  • Implica clarificar valores para actuar en la dirección valiosa, aceptando con plena conciencia los eventos privados que surjan y practicar la aceptación.
  • Implica aprender a ‘caer y a levantarse’ es decir a elegir nuevamente actuar hacia valores, con los eventos privados.
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Supone la introducción de metáforas y ejercicios que permiten al niño / adolescente discernir qué quiere para su vida y los porqués de sus elecciones en término de ‘valores’ como guías de su vida, diferenciando las trayectorias valiosas, los objetivos y sus acciones en esas trayectorias, así como las barreras privadas que se interponen.

Esta clasificación busca detectar las áreas de la vida que pueden ser importantes para la persona.

Es un proceso central y continuo en la terapia con ACT.

Trata de situar al niño / adolescente el cargo de las acciones, permitiéndole la discriminación de sus acciones, como actos elegidos en cada momento y siempre en una dirección, estando dispuesto a aceptar los eventos privados que ello conlleve.

Sin duda, una de las mayores causas de cronificación del dolor humano. El Trastorno de Evitación Experiencial (TEE) es un patrón inflexible que consiste en qué para poder vivir, se necesita controlar y/o evitar la presencia de pensamientos, recuerdos, sensaciones y otros eventos privados, para poder controlar el malestar que provocan, así como las circunstancias que las provocan.

La necesidad permanente de evitar el malestar y de tener un placer inmediato para vivir, obligan al niño/adolescente, no le deja vivir. Tales actuaciones le provocan un alivio inmediato pero el malestar vuelve a estar presente y generalmente cada vez es más intenso y extendido.

Esto ‘obliga’ a no parar en el intento de hacer desaparecer el malestar, a que su vez cada vez es mayor. Al final los días se reducen a hacer cosas para que desaparezca el malestar, abandonando las acciones en direcciones valiosas.

Se detecta en trastornos afectivos, ansiedad, problemas con el control de impulsos en adicciones…, etc. Pero también en niños/adolescentes que no tienen ninguna patología.

ACT da un giro radical pero al tratar estas situaciones no se trata de cambiar o reducir los pensamientos/sensaciones/recuerdos molestos, sino de alterar su función y de generar flexibilidad en la regulación del comportamiento.

ACT busca generar las condiciones para que el niño / adolescente, aprecie la paradoja de su comportamiento y busque potenciar interacciones que le permitan tomar conciencia plena, abierta, del flujo en los eventos privados. Para ello, se utilizan paradojas, metáforas, ejercicios de exposición plena / consciente del aquí / ahora de uno mismo, entre otros.

En una experiencia que se repite en muchos momentos durante la terapia.

Son actuaciones dirigidas a generar las condiciones para que el paciente experimente lo que quiere, lo que hace para conseguirlo y los resultados a corto y largo plazo.

Sitúa al niño / adolescente en contacto con la paradoja de intentar controlar los eventos privados para eliminarlos o evitarlos y así poder vivir, y sin embargo, comprobar que es una estrategia que no funciona.

El problema no son los ‘eventos privados en sí’, sino el control a dichos eventos. El niño / adolescente aprende a través de metáforas, paradojas y ejercicios experimentales a aceptar esos eventos internos, dándose permiso para tenerlos y a distanciarse de ellos, tomando perspectiva para desliteralizar sus contenidos.

Todo ello le permite responder a esos eventos, no por su función literal sino teniéndolos plenamente, mientras se actúa en dirección valiosa.

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