¿Tu hijo tiene o ha tenido pesadillas alguna vez? Muchos niños hablan de monstruos o fantasmas debajo de su cama y tienen dificultades para dormir. Sin embargo, negar rotundamente la existencia de esos monstruos no les ayudará.
¿Cómo podemos apoyarlos?
En lugar de enfocarnos únicamente en lo que dicen, intentemos comprender qué hay detrás de sus palabras. Para ello, podemos animarlos a expresar sus sentimientos:
- «¿Estás asustado? Cuéntame cómo te sientes.»
- «¿Cómo se llama el monstruo? ¿Nos inventamos una historia sobre él?»
Lo más importante no es lo que decimos, sino que ellos sientan que estamos a su lado. Eso les aporta tranquilidad y confianza.
Lo que nunca debemos hacer cuando tienen pesadillas
❌ Burlarnos de sus miedos o tacharlos de tontos.
❌ Restarle importancia a sus sentimientos diciendo que son una tontería.
❌ Juzgarlos en lugar de acompañarlos.
Los monstruos pueden representar muchas cosas: desde nuestra propia impaciencia hasta la dificultad del niño para expresar lo que siente. Aunque no siempre logremos descubrir el origen de sus miedos, debemos validarlos y darles espacio para hablar.
Construyendo un vínculo fuerte
Si les decimos que sus temores no tienen sentido, aprenderán a callarse en otras situaciones importantes. Los niños no pueden evitar lo que sienten, pero sí pueden aprender que cuentan con nosotros cada vez que algo les preocupa o inquieta.
A diferencia de los adultos, ellos no tienen la misma experiencia ni herramientas para identificar sus emociones. Nuestro papel no es minimizar sus miedos, sino ayudarles a ponerles nombre y afrontarlos juntos.
Cuando los niños se sienten mal, necesitan acompañamiento, no una lucha para que les creamos. Al final, nuestra empatía les ayuda a conectar con sus emociones y fortalece nuestra relación con ellos.
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