Cómo recuperar la autoridad con tus hijos
14 de octubre de 2020

La autoridad de los padres en el hogar no es sinónimo de autoritarismo. Lo que hoy predomina, en gran medida, es la hiperpermisividad, la cultura del “vale todo”.

Debemos tener en cuenta que por el hecho de ser padres no tenemos autoridad moral. Eso es algo que debemos ganarnos. Los hijos, la familia e incluso los amigos pueden desafiar nuestra autoridad permanentemente. ¿Cómo cambiarlo? Con credibilidad que debemos conseguir poco.

En una familia con una dinámica sana, los padres son conscientes de sus límites y de la necesidad de educar a los hijos para que sean responsables,  para fomentar su individualidad, enseñarles valores. También para que puedan gestionar el no dejarse llevar por una cultura de consumismo, por el hedonismo, para que valoren el respeto al otro, la recompensa tras sus esfuerzos, el compromiso y la responsabilidad de sus actos.

En un hogar no debe haber autoritarismo sino un equilibrio que se mantiene gracias al ejemplo de los padres, de su integridad y de su coherencia.

Ten en cuenta que los hijos nos ponen a prueba constantemente, miden nuestros principios y valores y, a veces, aprenden a controlarnos hasta que consiguen aquello que quieren.

No al autoritarismo en casa

  • No a poner muchas reglas tampoco a tener normas que nunca se discuten ni escuchar otras opiniones ni opciones.
  • No a amenazar si no se cumplen las reglas.
  • No al castigo para que obedezcan.
  • No a dejarle sin tiempo libre.

Sí a tener autoridad en casa

  • Sí a los límites que le harán sentirse seguro.
  • Sí a que entienda la razones de dichos límites, a que entienda que somos nosotros los que vamos a enseñarle y ayudarle a ser resiliente, respetuoso, responsable y finalmente inteligente.

Si delegamos  la educación de nuestros hijos, cuando son pequeños, en cuidadores, amigos o profesores nos arriesgamos a perder la autoridad cuando crezcan y nuestra ausencia pase factura.

¿Cuándo tenemos un problema de autoridad con nuestros hijos?

  1. Cuando utilizan las amenazas, los gritos y las agresiones para conseguir lo que quieren, ya que no tienen tolerancia a la frustración.
  2. Cuando no tienen autocontrol y carecen de empatía.
  3. Cuando los padres no ponemos límites y el hijo nos controla a través de exigencias. Tenlo en cuenta, ellos conocen tus puntos débiles.
    Y los padres para no enfrentarnos a ellos lo consentimos. Aquí hay una educación pasiva, laxa, sin marcos de referencia para ellos.
  4. Cuando los padres están divorciados y el hijo aprovecha cualquier brecha en la autoridad para conseguir lo que quiere porque ya lo ha conseguido con el otro progenitor.
  5. Cuando nos asustamos porque el niño o adolescente tiene problemas de fracaso escolar, bullying, drogas… y para que no vaya a más consentimos que el niño imponga su ley en casa.
  6. Cuando permitimos que los hijos nos vean como personas que les mantienen y les dan dinero nada más. Y recurren al chantaje con frases como: ¡No eres un buen padre o madre si no me lo das! Y la relación se convierte en una relación con falta de respeto.

¿Qué podemos hacer para recuperar nuestra autoridad como padres?

Podemos recuperar nuestra influencia sobre ellos y recuperar  nuestra capacidad de ejercer autoridad moral, justa y adecuada. Debemos  recuperar la confianza, la complicidad y el buen ambiente en casa y sería importante hacerlo antes de que llegue la adolescencia porque ahí ya habrán consolidado sus conductas y será más difícil que acate normas y límites.

Consejos para volver a tener autoridad

  1. Límites claros desde pequeños: permitir  que sientan  frustración, que aprendan a tolerar  que el mundo no gira alrededor, enseñarles a respetar a los demás, a esforzarse para conseguir las cosas y a ser responsable.
  2. Ni autoritarismos ni sumisión: sé firme en tus decisiones.
  3. Rutina y más rutina. Con horarios y obligaciones.
  4. ¿Qué es una exigencia del niño y que es una necesidad? Aprende a diferenciarlo.
  5. No a las amenazas ni a los gritos.
  6. No somos un pozo sin fondo: Tenemos necesidades, no podemos dar siempre sin recibir nada cambio, somos humanos hay que mostrarles esa parte.
  7. En los límites: busca acuerdos, tratos, que ellos participen y comprendan nuestras razones que haya diálogo.
  8. Estáte presente  físicamente: una buena convivencia empieza por ahí, crea rutinas en las que estés en casa disponible.
  9. Ayúdales y  acompáñales: autoridad con cariño y constancia, esa es la clave.
  10. Ambos progenitores tienen que estar de acuerdo en cómo van a educar a sus hijos.

No esperes un milagro con cambios inmediatos pero sé constante y verás como poco a poco interiorizan lo que les estás enseñando. Y si crees que lo necesitas, no lo dudes pide ayuda a un profesional.

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